Hierro y salmones: Ruta del ferrocarril (Vía verde del Eo)

Provincias: Lugo y Asturias

Distancia: 13 km aprox. (25 km i/v)

Mapa:

eo

Track: Descargar ViaVerdeEo.gpx

Descripción:

Tanto el aprovechamiento del hierro como el desarrollo del ferrocarril constituyeron dos de los pilares clave en los que se asentó la revolución industrial. De sobra es sabido que el descubrimiento en 1879 del proceso de desfosforización del hierro fue vital para la industrialización de Francia, que pudo así aprovechar los yacimientos de la región de Lorena, pero este mismo proceso tuvo también gran impacto en un pequeño rincón lucense limítrofe con tierras asturianas: Vilaoudriz (en la actualidad A Pontenova), donde en pleno cambio de siglo un promotor minero vasco comienza a explotar varios pozos para extraer este mineral.

El siguiente paso es el esperado y viene casi de forma inmediata: en 1902 comienza a construirse una vía férrea, de un metro de ancho, que permita transportar el mineral extraído hasta el puerto de Ribadeo, 34 kilómetros al norte de la explotación. Parece ser que en aquellos tiempos las obras avanzaban a buen ritmo, porque los primeros trenes cargados del preciado metal comienzan a circular ya en la primavera de 1903. Posteriormente, desde 1905, el tren comenzará a transportar también pasajeros, convirtiéndose en una importante arteria de comunicación a lo largo del valle del río Eo.

Tras sufrir numerosas vicisitudes durante las dos guerras mundiales y la guerra civil española, la explotación cerró definitivamente sus puertas en la década de los años cincuenta. El tren aún aguantó en servicio durante algunos años más pero finalmente, en 1964, las últimas locomotoras pararon sus motores, las instalaciones fueron desmanteladas y solo algunos túneles semiderrumbados y algunos otros escasos restos quedaron para recordar el glorioso pasado.

Aunque está previsto que algún día todo este trayecto se convierta en una Vía Verde que una A Pontenova con Ribadeo, ya es posible recorrer los aproximadamente doce  kilómetros iniciales de este antiguo trazado, entre A Pontenova y San Tirso de Abrés, ya en Asturias. Si alguna ventaja tiene la corta longitud del trazado es que no será necesario disponer de ninguna infraestructura de transporte para poder realizar la ruta, ya que podremos hacerla en los dos sentidos y regresar fácilmente al punto de partida, disfrutando dos veces del recorrido y sin demasiado esfuerzo ya que, salvo los dos o tres puntos en los que merecerá la pena bajar hasta la orilla del río, la ruta es prácticamente plana (al ir paralela al río hay, obviamente, un ligero desnivel descendente hacia el norte, es decir, hacia tierras asturianas). En caso de querer hacerla en un solo sentido necesitaremos disponer de un chófer que nos recoja en el extremo opuesto. La carretera nacional que va paralela a la ruta y al río simplifica la operación, aunque añade al recorrido un extra de ruido bastante molesto.

Acompañando a las aguas del río Eo y en el sentido en que era transportado el hierro, comencemos pues nuestra ruta en tierras gallegas, en el centro de A Pontenova, junto a los grandes hornos de calcinación que permitían eliminar las impurezas fosfóricas del hierro. En la misma plaza donde estos se encuentran –decorada también con vagonetas mineras- hay una fuente donde podemos recargar de agua nuestros bidones y, al lado contrario de la plaza, ver la antigua estación, reconvertida en oficina de turismo. Comenzamos desde aquí a pedalear en dirección norte siguiendo la carretera de Taramundi y, a la altura del cuartel de la Guardia Civil, nos desviamos a la izquierda para seguir la antigua vía cuyo actual trazado se encuentra asfaltado y abierto al tráfico (aunque no es frecuente encontrarse con muchos coches).

P1040584.jpg

Dejamos a la izquierda unas instalaciones deportivas  (con piscina, pistas de tenis, área recreativa, etc.) y a la derecha un pequeño merendero de piedra tras el cual se esconden  unas ruinas que nos permiten apreciar la estructura de un horno de calcinación, con sus características cuatro puertas que facilitaban la extracción del mineral. Algo más adelante, otras zonas de mesas y barbacoas nos invitan a descansar, aunque apenas si hemos comenzado a pedalear aún.

Continuamos por asfalto a la orilla del río, aunque a mayor altura que éste, ignorando los desvíos que al lado contrario nos llevan a diferentes aldeas (Veiga de Pada, Ervelle, Saldoiriña…) o el que desciende hacia el río y, cruzándolo, llega a la nacional. A la derecha, medio oculta por la vegetación vemos una pequeña construcción de piedra de las que abundaban en el recorrido y que permitían guardar el carbón para abastecer a las locomotoras o a los viajeros del tren dejar sus enseres (como sus bicicletas) hasta su regreso. También a la derecha encontraremos algo más adelante los restos del antiguo apeadero de Cairo. Cruzamos aquí una carretera que asciende por la ladera y, cuando llevamos ya seis kilómetros de ruta -la mitad aproximadamente-, abandonamos Galicia al mismo tiempo que el asfalto.

El tramo asturiano de esta Vía Verde está sin asfaltar y, aunque más incómoda para el pedaleo, gana en autenticidad. Nada más adentrarnos en el camino vemos un cartel que indica a los que hacen la ruta en el sentido opuesto que el trayecto acaba aquí y pueden darse la vuelta o bien continuar por asfalto hasta A Pontenova. No termino de ver el motivo de este cartel (salvo el meramente político de rencillas interautonómicas) ya que, a pesar de tratarse de una pequeña carretera, el tramo gallego de la ruta poco tiene que envidiar en belleza e interés al asturiano.

La principal diferencia es, como ya he dicho, la autenticidad, ya que en Asturias el firme pasa a ser un camino de tierra tan “botoso” que en ocasiones nos dará la sensación de ir pedaleando por las traviesas de la vía de tren (sensación incrementada por la presencia en varios puntos de los guijarros característicos de las vías férreas). Si bien el firme en general está en bastante buen estado, se hace recomendable utilizar una bicicleta de montaña, de gravel o híbrida (o, al menos, llevar unas cubiertas algo anchas).

También es en esta mitad del recorrido donde se concentran todos los túneles -además del único puente de la ruta-, como no tardamos en comprobar al poco de adentrarnos en Asturias. Este primer túnel cuenta con iluminación y nos hace confiarnos pero no debemos olvidar llevar una buena linterna en la bici, pues la iluminación de los diferentes túneles deja bastante que desear y la mayor parte de ellos está completamente a oscuras. Debido a las filtraciones de agua el firme en los tramos subterráneos está lleno de baches y charcos (en alguno de ellos incluso, literalmente, llueve) por lo que de no llevar unas buenas luces podría resultar algo peligroso.

20170726_143201_LLS.jpg

Como decía, pasamos el primero de los túneles (iluminado) y, casi de inmediato, el segundo (iluminado a medias y a veces). El trazado de la vía continúa abriéndose paso por la ladera entre la vegetación. Durante todo el recorrido, los taludes artificiales y los desmontes practicados en la roca nos recuerdan que por aquí pasaba un ferrocarril.  En esta zona podemos ver también a nuestra izquierda otro de los “casetos” de piedra descritos anteriormente y, a la derecha, un pequeño sendero nos permite asomarnos a una de las arcadas que permitía que el agua que descendía por la ladera pasase bajo la vía en su camino hacia el río.

P1040583.jpg

P1040581

El tercero de los túneles nos permite pasar bajo la carretera nacional (ahora el ruido de coches vendrá desde nuestra derecha y no desde el otro lado del río como antes) y poco después de salir de él resulta interesante abandonar el trazado ferroviario para descender el abrupto camino descendente que nos lleva hasta la orilla del río y ver una de las escaleras que permiten a los salmones (y lampreas, aunque nadie se acuerde de ellas, las pobres) remontar el río en los tramos en los que las presas artificiales se lo impiden.

P1040578

Ascendemos de nuevo la dura rampa de regreso a la Vía Verde y volvemos a nuestra ruta solo por unos metros, ya que encontramos una nueva cuesta descendente que baja hasta el río, donde un pequeño puente colgante peatonal nos permite cruzarlo. Recomiendo dejar nuestras bicis y cruzar a pie hasta la otra orilla para sentir todo el puente oscilar a nuestro paso. Bajo nosotros, no es raro ver algún salmón de buen tamaño que permanece inmóvil bajo las aguas, a contracorriente, impertérrito ante las tonterías que el humano de turno hace sobre el puente unos metros más arriba.

P1040573

P1040575.jpg

De regreso a la ruta llegamos a un nuevo túnel. Al salir de él, tras cruzar una pequeña carretera, nuestro camino encuentra un puente que cruza el río a bastante altura. El puente ferroviario original ha sido cubierto de planchas de rejilla metálica que se mueve al pasar con las bicicletas, produciendo un ruido que recuerda al de un tren de verdad. Si nos asomamos al río podremos ver los frenéticos movimientos de las truchas, bastante más nerviosas que sus primos cercanos, los majestuosos salmones.

Un nuevo túnel nos espera poco más adelante, esta vez tan corto que la iluminación no llega a ser necesaria, y al salir de él un cartel nos invita a tomar el sendero que a nuestra derecha desciende hacia el río para ver una pequeña central hidroeléctrica abandonada. Así lo hacemos y, contradictoriamente, varios carteles nos dicen que solo el personal autorizado puede pasar. Ante la duda, nos arriesgamos a cruzar el canal de alimentación de la central sobre una pasarela que ha conocido días mejores y que no invita a permanecer sobre ella más que el tiempo indispensable. Por el agujero abierto en la puerta del edificio podremos ver la oxidada maquinaria de esta central que fue en su día construida para alimentar una fábrica de vidrio óptico que iba a abrirse en la zona pero que, al no llegar a funcionar esta última, sirvió para abastecer de electricidad a varios pueblos hasta que fue finalmente abandonada. Ya que hemos bajado hasta aquí, sería imperdonable no terminar de acercarnos hasta la orilla del Eo para disfrutar unos minutos del maravilloso paisaje.

P1040567.jpg

20170726_140225.jpg

Volvemos a la ruta (después de ascender de nuevo por el empinado sendero de la central eléctrica) y debemos tener precaución ya que poco más adelante nos aguarda la carretera nacional, que nos vemos obligados a cruzar en una zona en la que la visibilidad no es la mejor del mundo (¡cuidadín!). Un poco más de pedaleo y nos adentramos en un último túnel del que saldremos ya prácticamente en San Tirso de Abrés. Pasamos bajo las ramas de algunos árboles frutales y llegamos a una casa que, claramente, fue en otros tiempos estación de tren. Aquí acaba la ruta como tal, aunque si avanzamos unos metros por la carretera que aquí encontramos (hacia la izquierda) llegaremos a un parquecillo donde encontraremos una oficina de información con forma de vagón, sobre raíles y junto a la entrada de un túnel.

P1040566.jpg

P1040564

Otra opción es tomar esa misma carretera en dirección contraria, hacia el pueblo, donde un pequeño paseo nos permite acompañar al Eo unos metros más, aguas abajo.

Una tercera opción, si no disponemos de apoyo motorizado, es dar media vuelta y recorrer, esta vez en sentido ascendente, la ruta del ferrocarril hasta el punto del que partimos: A Pontenova.

Deja un comentario