Provincia: A Coruña
Distancia: Variable (6 rutas de entre 10 y 62 km aprox.)
Mapa:

Tracks: Descargar todos CentroBTT_ASusana.rar
Descripción:
No soy un apasionado de los llamados centros BTT, pues sus rutas suelen exigir un nivel técnico bastante por encima del que yo tengo y porque, además, cuando monto en bici me gusta prestar la menor atención posible a la conducción para poder centrarme en disfrutar del lugar que estoy recorriendo. Sin embargo, como practicante asiduo de ese deporte en la zona de Santiago de Compostela, no pude resistirme a recorrer las rutas que proponen desde el recién creado Centro BTT Santiago y voy a describirlas aquí por tratarse de un buen ejemplo de los caminos que existen en el entorno de la ciudad del Apóstol y de las cosas que visitar por allí.
Lo primero que llama la atención al llegar al edificio que acoge el punto de información del Centro, en la parroquia de A Susana, es que todo es nuevo y reluciente. Al parecer el edificio es una antigua escuela que no cumple su función desde hace años pero que ha sido mantenida en buen estado por los habitantes del lugar y a la que desde el Concello compostelano han decidido dar una nueva vida como centro deportivo. En él disponemos de todos los servicios que podamos necesitar para disfrutar de nuestro deporte favorito sin contratiempos: máquina de café, información (incluyendo un folleto con mapa y descripción de las rutas), amplio aparcamiento tanto de coches como de bicis, máquina de café, lavado de bicis, duchas, máquina de café, taller (previsto, aunque de momento no está operativo), etc. ¿He mencionado ya que hay máquina de café?
También es posible alquilar bicicletas pero por ahora todas las unidades disponibles son bicicletas de paseo y, por lo tanto, no aptas para la mayor parte de los caminos que encontraremos. La curiosa explicación para esto es que las bicicletas proceden del antiguo sistema de bicicletas de uso público del casco urbano de la ciudad, servicio cancelado hace unos seis o siete años, y que decidieron traer aquí desde el almacén de la estación de autobuses donde llevaban desde entonces cogiendo polvo.
Otra cosa digna de mención es que las rutas no están señalizadas. La forma más sencilla de seguirlas es entrar en la página web del Centro y descargar los tracks en nuestro GPS (dispositivos que, por cierto, podemos alquilar también en el Centro). Por el momento es posible pasar por todos los caminos sin problemas, aunque algunos tramos de senderos empiezan a verse preocupantemente estrechados por la vegetación. Supongo que ambos detalles se solucionarán en caso de que el Centro BTT sobreviva a su fecha de caducidad, prevista por ahora para el 28 de Febrero de 2018.
Nota: Este centro cerró el día 1 de marzo de 2018 por «fin de temporada» (curiosa ironía, teniendo en cuenta que estaba a punto de comenzar la primavera) para reabrir de nuevo poco después. Por otra parte, tengo entendido que está prevista la próxima apertura de otro centro BTT en Santiago, en esta ocasión en Amio, para lo cual están rehabilitando otro edificio escolar (con intención quizás de dar servicio a la Vía Verde proyectada en la zona). En todo caso -e independientemente de estos vaivenes políticos- dado que las rutas (sin señalizar) siguen ahí, sigue mereciendo la pena recorrerlas.
Las rutas disponibles son las siguientes:
Ruta 1: Santa Lucía – Castro de Vixoi (10 km aprox.)
Esta ruta, como casi todas, sale del Centro BTT siguiendo el Camino Jacobeo (Camino Sanabrés o de Fonseca) en dirección a Santiago. Casi a la salida debemos tener mucha precaución para cruzar la carretera nacional que va de Santiago a Ourense y, a partir de este punto, circularemos por tranquilas carreteritas de asfalto que ratonean entre las numerosas casas y aldeas que hay en esta zona abundante en duros repechos que se harán más llevaderos si nos lo tomamos con calma y vamos disfrutando de los muchos y bonitos cruceros -además de algún lavadero- que encontraremos a nuestro paso.

Ya relativamente cerca de Santiago encontraremos a la derecha del camino la iglesia de Santa Lucía con una bonita fuente a sus pies, situadas ambas junto al pequeño río del mismo nombre que, desde la carretera, vemos internarse en un oscuro y húmedo bosque de ribera surcado por numerosas pasarelas, caminos y senderos. En esta primera ruta la propuesta es precisamente esa: internarnos en este precioso bosque y dar un corto paseo por estos caminos que suben y bajan por ambas orillas del río.

Los tracks en esta zona dejan ciertas dudas sobre el camino que debemos tomar y es posible que tomemos algún sendero que no sea posible seguir (al menos sin desmontar) por lo que lo más sencillo es elegir nuestro propio camino y buscar una alternativa que nos permita subir aguas arriba del río. En nuestro rodar por estos caminos que supuran agua encontraremos bellos rincones, con abundantes molinos que aún conservan algunos de sus canales y, cuando nos resulta posible comprobarlo, restos de su maquinaria.


En la parte más elevada del recorrido, en la margen izquierda del río encontraremos también, si somos observadores, los interesantes restos de las murallas de un castro de la edad del hierro que responde a los nombres de Castro de Vixoi o Castro del Coto.
Una vez completado el paseo, regresamos por los umbrosos caminos hasta la iglesia y, desde ésta, pedaleamos de vuelta al Centro BTT por la misma ruta por la que vinimos.

Ruta 2: Santa Lucía – Castro de Vixoi – Prolongación ata Bando (20 km aprox.)
Esta segunda propuesta, como su propio nombre indica, es una prolongación de la ruta 1. Por tanto, los primeros kilómetros de ambas coinciden: del centro BTT hasta la iglesia de Santa Lucía y, de allí, río arriba hasta las proximidades del castro donde finalizaba la ruta anterior. Sin embargo, en esta ocasión continuaremos remontando el curso del río, primero por un pequeño tramo asfaltado y después por caminos de tierra más abiertos que los que componían la ruta 1.
Después de pasar bajo el impresionante viaducto del tren Ourense-Santiago (no voy a entrar en la discusión de si es o no alta velocidad), el camino vuelve a acercarse al cauce del río del que temporalmente se había alejado ya que, aunque según el track oficial deberíamos ir pegados al río en todo momento, fui incapaz de encontrar un camino que lo siguiese, salvo los puntuales accesos a los molinos de la zona.

En un primer momento solo oiremos el rumor de las aguas que quedan a una cota inferior de la del sendero por el que circulamos y prácticamente ocultas por la vegetación que dejamos a nuestra derecha, mientras que a nuestra izquierda los matorrales ocultan el muro de algunas casas cercanas (precaución en este tramo pues la estrechez del camino, la densidad de la vegetación y la presencia de aves domésticas sueltas puede causar un accidente con gallinicidio incluido). Después el río volverá a ser visible y ya no nos despegaremos de él en toda la ruta, pedaleando siempre por anchos caminos de tierra rodeados de un magnífico bosque de ribera entre el que solo conseguí distinguir un diminuto grupo de eucaliptos lo que, teniendo en cuenta que estamos en Galicia constituye una auténtica rareza. Dado que vamos remontando el curso del río, todo el trayecto es en subida, aunque tan tendida que apenas nos damos cuenta, salvo en un par de brevísimos repechos que no entrañan ninguna dificultad. Nuestro recorrido se ve salpicado por molinos de agua que, aunque cerrados, parecen estar en perfecto estado de conservación.
Dada la sencillez de la ruta, comentaré solo el único punto de cierta dificultad que encontraremos y que bien merece ser mencionado aunque solo sea como curiosidad. Se trata de un punto en el que el camino parece estrecharse y acercarse sospechosamente al río hasta que este desaparece en un túnel para pasar bajo la vía del tren. Si salvamos el par de zonas encharcadas que nos separan de la boca del túnel y nos asomamos a su interior vemos que pegada al muro izquierdo existe una pasarela de aproximadamente un metro de ancho que, a modo de acera, permite cruzar al otro lado. Si llevamos iluminación, somos medianamente diestros y el manillar de nuestra bici no es demasiado ancho, podemos intentar cruzar montados a riesgo de llevarnos un buen costalazo y consiguiente chapuzón. Yo personalmente recomiendo desmontar.



Al otro lado existen dos opciones. La primera (que no he comprobado personalmente pero que es la que más parece adecuarse al track) es subir la cuesta que trepa hasta la parte alta del túnel para pasar sobre este hasta la otra orilla, por la que podremos seguir río arriba hasta la cercana carretera. La otra opción es subir la cuesta que sube frente a la salida del túnel hasta las casas cercanas donde encontraremos una carretera que, tomando a la derecha, utilizaremos para cruzar al otro lado del río (en caso de intentar la primera opción recomiendo tener cuidado al trepar pues entre las piedras vi una víbora que, aunque diminuta, podría hacernos una buena faena).
En cualquiera de los dos casos llegaremos, en la margen izquierda del río, a la carretera que en este punto describe una cerrada curva. Con cuidado cruzamos al otro lado para seguir río arriba, lo que hacemos primero por la carreterita que surge frente a nosotros para abandonarla después por nuestra izquierda para continuar pegados al cauce del río, recuperando la tónica general de caminos de tierra cubiertos de árboles autóctonos encontrándonos de tanto en tanto algún molino.



En determinado punto llegamos a un cruce que nos deja con sendas pistas saliendo hacia ambos lados, derecha e izquierda, mientras el río Santa Lucía sigue de frente (mejor dicho, viene de frente, ya que estamos siguiéndolo a contracorriente). Hemos llegado al fin de la ruta y ya podemos volver sobre nuestros pasos, salvo que queramos explorar los caminos de la zona que, sin gran dificultad (pero considerable ascenso) nos podrían permitir enlazar con otras rutas, pues la 5 y la 6 no pasan excesivamente lejos de nuestra posición actual.

Ruta 3: Camiño de Santiago – Brañas de Sar e Restollal (26 km aprox.)
Una vez más salimos del Centro BTT situado en A Susana siguiendo la ruta jacobea en dirección a Santiago. También como en todas las rutas pasamos junto a la iglesia de Santa Lucía pero en este caso no nos desviamos aquí, sino que cruzamos el río Santa Lucía y continuamos siguiendo las flechas amarillas en dirección a la capital compostelana, por el conocido como Camiño Real de Piñeiro. Después de otros cuantos kilómetros con la misma tónica de sube y baja por carreteras poco transitadas, después de la localidad de Piñeiro, pasamos un cruce y subimos un repecho de camino de tierra que nos lleva hasta la AP-9. Debido a las obras que afectan a esta vía desde hace tiempo, el paso para los peregrinos cambia con frecuencia pero lo habitual es que pasen sobre la autopista después de una subida corta pero muy dura. Si es posible, nosotros pasamos por debajo, aprovechando para ello el viaducto de Angrois, volviendo a reunirnos con la ruta jacobea en el puente que nos permite pasar sobre las vías del tren. Las numerosísimas ofrendas que encontramos sobre la valla nos recuerdan que estamos exactamente en el punto donde el 24 de julio de 2013 perdieron la vida ochenta de las personas que iban a bordo de un tren que no frenó lo suficiente como para tomar la curva.

Desde Angrois vamos a salir casi de inmediato al Cruceiro do Sar. Cruzamos la calle con precaución para tomar al otro lado la rúa empedrada que desciende. Esta calle es la conocida como Calzada de Sar y era la vía utilizada, ya en el siglo XII, por quienes venían desde Ourense o Castilla para acceder a Santiago a través de la puerta de Mazarelos o la puerta de la Mámoa. La calzada finalmente vuelve a unirse a la calle asfaltada para, juntos, cruzar el río por el Puente de Sar, también del siglo XII y conformado por tres ojos -con sus correspondientes tajamares- de cantería granítica y estilo románico.

Antes de proseguir nuestra ruta, no debemos dejar de visitar uno de los monumentos más atractivos de la capital compostelana: la colegiata del Sar. Para acceder a esta majestuosa iglesia tan solo debemos recorrer unos pocos metros en línea recta después de haber cruzado el puente y, a continuación, girar a la izquierda para encontrar una pequeña capilla dedicada a San Blas y, junto a ella, una fuente. Estas dos construcciones dan acceso al recinto donde se levanta la gran colegiata, también conocida como Santa María la Mayor y Real de Sar, fundada en el siglo XII por el obispo Munio Alonso pero concluida ya por el arzobispo Xelmírez.

Lo primero que llama la atención son los impresionantes y numerosos contrafuertes -en realidad solo arbotantes que se apoyan directamente en el suelo- que apuntalan la iglesia. Si nos acercamos más (y, sobre todo, si nos asomamos a su interior) comprobaremos también que los muros y pilares de toda la construcción muestran una más que preocupante inclinación. Esto se debe a dos errores cometidos por el arquitecto que planificó la obra: que los terrenos pantanosos sobre los que se asientan los muros no tienen la suficiente consistencia como para aguantar el edificio y que, al tener las tres naves de las que consta la iglesia la misma altura, las naves laterales no pueden cumplir correctamente su función habitual de aguantar el empuje de la bóveda central. Así, en época barroca se decidió construir los grandes arbotantes que sostienen actualmente los muros de la iglesia.



Junto a la iglesia es posible también, por el módico precio de dos euros, visitar un pequeño museo y el claustro del edificio que, aunque en su mayoría es de época barroca y gran sobriedad, aún conserva en uno de sus lados la galería románica original, de significativa belleza.



En el entorno de la iglesia podemos ver también, en un pequeño parque, un pintoresco conjunto formado por un crucero y un hórreo.

Concluida la visita, regresamos al puente de Sar y nos disponemos a dar un paseo por los senderos que transcurren por las Brañas de Sar. En Galicia se denomina «brañas» a las zonas situadas en la parte baja de un valle, en el entorno del propio río, que pueden estar parcialmente inundadas y que normalmente suelen ser zonas verdes donde pasta el ganado. En este caso en concreto, nos encontramos en un entorno urbano prácticamente convertido en parque por el que discurren numerosos senderos (tanto de tierra como de cemento, piedra o, incluso, madera) que sortean el zigzagueante curso del Sar a través de pasarelas y al lado de los cuales veremos fuentes, molinos y alguna zona destinada a huertos urbanos. Salvando también algunas transitadas calles de la ciudad, los senderos suelen estar plagados de compostelanos -no es raro cruzarse por aquí con el alcalde de la ciudad en uno de sus habituales paseos matutinos- que pasan su tiempo libre en este agradable entorno, ya sea paseando o en bicicleta, por lo que nos vendrá bien en esta zona disponer de un timbre para avisar a los transeúntes de nuestro paso.

Los tracks que ofrece la web del Centro BTT para esta zona no son todo lo precisos que deberían y, de seguirlos minuciosamente, en algún punto llegaremos a caminos sin salida o incluso veremos con sorpresa que un edificio se levanta allí por donde deberíamos pasar. Recomiendo, por tanto, olvidarnos del GPS en este tramo (teniéndolo, eso sí, a mano como referencia para no desviarnos demasiado) y disfrutar explorando los senderos que discurren a lo largo del Sar en la zona comprendida entre, por un lado, el pabellón polideportivo y el acceso a la Ciudad de la Cultura y, por el otro, la zona conocida como Restollal y, más concretamente, el aparcamiento existente bajo las vías del tren.

Concluido nuestro paseo por esta zona volveremos, más o menos en su centro, al punto de paso obligado que constituye el Puente de Sar y, desde él, regresamos por donde hemos venido hasta el Centro BTT de A Susana.
Ruta 4: Río Pereiro – Capela do Santiaguiño (27 km aprox.)
Esta ruta, al contrario que el resto de las propuestas por el Centro BTT Santiago, no se dirige hacia la capital compostelana sino en dirección contraria, hacia el valle del Ulla, y transcurre en su mayor parte por tierras de los vecinos concellos de Vedra y Boqueixón.
Comenzamos por tanto a pedalear por la misma calle donde se encuentra situado el Centro BTT hasta cruzar (con mucha precaución) la N-525. Continuamos por la calle que vemos frente a nosotros para posteriormente girar a la izquierda y rodar por una tranquila carreterita que nos termina llevando a un puente que cruza la AP-53. Ya al otro lado, la carretera por la que circulamos nos lleva a otra algo más transitada que tomamos hacia nuestra derecha para describir una pronunciada curva casi de inmediato. Después, en uno de los cruces que vamos encontrando, giramos noventa grados a nuestra izquierda y nos dirigimos hacia la pequeña iglesia parroquial de San Félix de Sales. Si nuestra ruta coincide con alguna misa tendremos la oportunidad, sin necesidad de desmontar, de escuchar perfectamente lo que dice el cura pues los altavoces que sacan al exterior durante la celebración de los oficios religiosos así lo permiten.
Poco antes de llegar a la iglesia nos desviamos a la derecha y, apenas unos metros más adelante, la carreterita por la que transitamos describe una marcada curva que nosotros ignoramos, abandonando el asfalto por el camino que sigue recto para ir a salir poco más adelante a otra carretera más transitada. Debemos tomar esta carretera a la izquierda para apenas unas decenas de metros más allá, salir por el primero de los dos caminos que encontramos a la derecha que, tras atravesar un corto tramo de bosque, sale al raso para volver, una vez más, a encontrarse con el asfalto de otra de la innumerables carreteras que surcan estas tierras. Siempre atentos a nuestro GPS para no desviarnos de nuestra ruta, continuamos pedaleando hacia la izquierda entre las suntuosas casas que se levantan junto a la carretera. Al poco de haber pasado cerca de la capilla de Santa Isabel -que queda a nuestra derecha a pocos metros- llegamos de nuevo a la AP-53 que cruzamos de nuevo, esta vez por un paso inferior.
Al otro lado, giramos a la derecha para seguir el camino que bordea la autopista pero, unos metros más adelante, descendemos bruscamente a nuestra izquierda para adentrarnos en una de la joyas de esta ruta: el sendero que recorre un buen trecho del río Pereiro. Se trata de un sendero estrecho muy pegado a la orilla del riachuelo, por lo que deberemos hacer gala de nuestra pericia al manillar y, si fuese necesario, llegar a desmontar para pasar algunos puntos conflictivos donde podríamos incluso caer a las frías aguas del río (como, por ejemplo, un punto donde un gran árbol ha caído sobre el camino, bloqueándolo). Conviene, en todo caso, desmontar de vez en cuando para contemplar de forma segura el bonito paisaje por el que transitamos.
La parada es obligatoria cuando veamos un par de carteles informativos al borde del camino y es que desde aquí, desde las ruinas de un molino de agua, es posible ver -aunque algo dificultada la vista por la vegetación- una magnífica cascada (una pena que la autovía pase tan cerca estropeando el entorno).
Algo más adelante el sendero va a salir a un camino de mayor anchura en ascenso que, a su vez, nos lleva algo más adelante a una pista forestal que abandonamos casi de inmediato para tomar otro camino que nos devuelve al entorno de la autopista. Dejamos a la derecha un puente que nos permitiría cruzar esta vía pero algo más delante encontramos otro que sí usaremos para, inmediatamente después de cruzar, girar a la izquierda para retomar la dirección sureste que llevábamos. Circulamos por el camino que nos lleva pegados a la autopista e ignoramos la pista que, a la derecha, nos llevaría a la pequeña Capilla de San Caetano. Quizás deberíamos visitarla y rezar algo pues ya empezamos a ver ante nosotros la penitencia que nos espera: circular pegados a una autopista tiene muchos riesgos y uno de ellos es que, mientras los coches circulan casi sin ascender gracias a un gran desmonte de terreno, nosotros encontramos nuestro camino interrumpido por una auténtica pared que arranca al poco de pasar junto a una gran casa de aspecto vasco o navarro.
Apretamos los dientes, el culo y, sobre todo, los pedales y tratamos de llegar arriba sin sufrir un infarto por el camino. Si lo conseguimos, en la cima nos espera un nuevo puente que nos permite regresar al otro lado de la autopista que tanta guerra nos está dando hoy. Nos olvidamos ya de ella de una vez por todas pero casi al momento nos encontramos con otra compañera de juegos: la vía de tren que nos obliga a describir una amplia curva ascendente para pasar al otro lado aprovechando que los raíles se internan en un túnel. Algo más adelante cruzamos una pequeña carretera y, en el siguiente cruce enlazamos un par de giros a la derecha por caminos para volver a encontrarnos ¡oh, sorpresa! con la vía de tren, que ya ha vuelto a salir del túnel en su camino hacia Ourense. En este tramo vemos algunos carteles que nos indican que estamos en el Camino Miñoto Ribeiro, una ruta jacobea recientemente redescubierta que se dirige hacia la capital del Apóstol desde tierras del norte de Portugal.
Cruzamos pues la vía de tren por un pequeño túnel excavado bajo ella e, inmediatamente, giramos a la izquierda para circular pegados a la elevación por la que discurre la vía. El camino en este caso, más que verlo, tendremos que intuirlo hasta llegar a las inmediaciones de una casa, donde un giro en ángulo recto a la derecha nos lleva de nuevo al asfalto que utilizamos en este caso muy pocos metros pues nos iremos por la izquierda y, algo más adelante, volveremos a girar a la izquierda para llegar finalmente, tras un descenso, a un cruce con una pequeña carretera.
Aquí deberíamos tomar esta carretera hacia la izquierda pero, en vez de hacerlo, vamos unos metros en sentido opuesto hasta encontrar un camino que baja hacia el Área de Interpretación dos Muiños. Se trata de un pequeño bosque que rodea el río Merín en cuyo entorno se conservan nada menos que ocho molinos restaurados con sus correspondientes canales y maquinarias. Varias pasarelas de madera nos permiten cruzar el río sin dificultad e incluso encontraremos una pequeña cascada. Varios paneles nos informan sobre el funcionamiento de estos ingenios hidráulicos.


Vistos los molinos, regresamos a la carretera y la tomamos, esta vez sí, en la dirección correcta para abandonarla de nuevo por el primer camino a la derecha que nos lleva, en vertiginoso descenso, a otro camino, esta vez en subida que nos lleva a la pequeña aldea de Raxoi. A la salida del mínimo casco urbano de este pueblo cruzamos de nuevo bajo la vía de tren y enseguida tomamos el camino de la derecha para adentrarnos en un bonito bosque. El camino desemboca de nuevo en la carretera algo más adelante donde vemos señales que nos indican que por aquí pasa una ruta ciclista, aunque no es la que nosotros estamos realizando, sino una de las dos Rutas Cicloturísticas por el Val do Ulla de las que, tal vez, tratemos en otra ocasión.
Llegamos una vez más a la vía de tren en el lugar de Socastro. En esta ocasión no la cruzamos, sino que circulamos pegados a ella hasta llegar a la estación de Vedra-Ribadulla, que pasamos de largo para cruzar por debajo de la N-525 y llegar a otra carretera que cruzamos también. En este caserío en el que nos encontramos es posible encontrar diversos servicios (cafeterías, pensiones, farmacia, banco…) que pudiésemos necesitar.
Ya al otro lado de la carretera zigzagueamos entre las casas para enlazar con otra carretera ascendente donde entramos en contacto con la ruta jacobea popularmente conocida como Vía de la Plata, aunque esto no sea del todo correcto y más bien deberíamos hablar de Camino Mozárabe, Camino Sanabrés o Camino de Fonseca. Esta ruta y sus flechas amarillas nos guiarán durante la mayor parte del camino que nos queda por delante.
Así, después de un tramo de ascenso por asfalto giramos a la izquierda para tomar una ancha pista que sigue subiendo. Con mayor o menos dureza el camino sigue ascendiendo y, en los tramos en que los árboles lo permiten, disfrutamos de unas vistas preciosas sobre el inmenso valle del río Ulla. Después de un tramo en el que el camino se estrecha para adentrarse en un bosque y de un nuevo tramo de pista forestal nos encontramos con un camino asfaltado que nos lleva a otra de las joyas de la jornada: la pequeña capilla de Santiaguiño y la fuente que junto a ella se encuentra. Lo primero que veremos al llegar es la fuente, de estilo barroco, trasladada a este punto en 1724 (originalmente parece que se encontraba algo más arriba en la ladera). En ella, además de una extensa inscripción, podemos ver un relieve central bastante mal conservado y una magnífica figura de el apóstol Santiago bajo la que sendas figuras de sus discípulos Teodoro y Anastasio vigilan a los peregrinos. Dicen algunos expertos que estas imágenes proceden probablemente del antiguo coro románico de la catedral compostelana.

Respecto a la ermita, también del siglo XVIII, muestra una factura muy parecida a otras que podemos encontrar en esta zona, con una única nave rectangular de reducido tamaño y un pequeño campanario en el centro de su fachada principal. Bajo este, sobre el dintel de la puerta, una inscripción cuenta la historia del templo. En el interior encontramos un pequeño retablo presidido por la figura del Apóstol con su atuendo de peregrino. Otra de las imágenes que nos llaman la atención es también una figura de Santiago que, a lomos de su caballo blanco y blandiendo su espada, ataca a los moros.



Continúa el camino por la ruta jacobea, como lo atestigua el albergue de peregrinos que encontramos a pocos metros y que es el último que hay antes de alcanzar el final del Camino. Después de seguir incesantemente el camino a través del bosque, la pista desemboca finalmente en una carretera que, de seguirla, nos llevaría al impresionante Pico Sacro, cuya cima vemos próxima y que merecería una entrada propia para hablar de las numerosas leyendas que existen sobre él. Si nuestras fuerzas están relativamente integras sería buena idea ascender hasta su cima para ver las vistas que dominan las tierras compostelanas en todas las direcciones.
Sin embargo lo que haremos por ahora es descender por asfalto hasta el primer cruce, junto a unas pistas polideportivas. Aquí nosotros giramos a la derecha y abandonamos a los peregrinos, que continuarán recto en dirección a la cercana iglesia de Santa María de Lestedo. Al poco de haber girado, volvemos a girar a la derecha y nos dará la impresión de estar dirigiéndonos a la cima del Pico Sacro (por la dirección y por las duras rampas que estamos subiendo). Si embargo, abandonamos la subida sin completarla y, tras un brusco giro a la izquierda, nos lanzamos en una rápida bajada que nos lleva a pasar junto a la aldea de Rubial. Después enlazamos diferentes caminos y cruzamos por última vez bajo la vía de tren. Algo más adelante cruzamos otra pequeña localidad por una curiosa calle cubierta por una parra y vamos a salir a una pequeña carretera que nos lleva directamente a la parte trasera del Centro BTT, al que solo deberemos dar la vuelta para terminar nuestra ruta.
Ruta 5: A Susana – O Viso – Godos (29 km aprox.)
Al igual que en otras rutas, salimos en este caso del Centro BTT por el camino de Santiago, pasando junto a la capilla de Santa Lucía, y el Camino Real de Piñeiro hasta, pasado Angrois, llegar al Cruceiro de Sar. En este caso, inmediatamente después de entrar en el incómodo firme empedrado de la Calzada de Sar, giramos a la derecha por la rúa do Viso en dirección al monte Gaiás. A nuestra izquierda, si así lo deseamos, podemos acercarnos a la Ciudad de la Cultura para ver esta faraónica obra salida de las arcas públicas gestionadas por Manuel Fraga y de la mente del genial Peter Eisenman. Aunque las obras se cancelaron sin completar el diseño previsto, merece la pena acercarse a pasear entre los edificios construidos donde, además, casi siempre es posible encontrar alguna exposición o concierto interesante.
Concluida la visita regresamos al camino por el que veníamos y completamos la subida hasta cruzar la autovía por el paso elevado construido al efecto (aunque las obras de ampliación de la AP-9 pueden afectar a este camino puntualmente). Al otro lado del puente tomamos a la izquierda por una zona afectada por las obras que suele estar bastante embarrada. Finalmente salimos por un camino que surge a nuestra derecha y completamos la subida hasta el monte Viso por un duro camino que se va volviendo más técnico por momentos hasta volverse un pedregal casi intransitable en el último tramo (¡mi enhorabuena a quien consiga llegar hasta el vértice geodésico de la cima sin poner pie a tierra!)
Las vistas desde la cumbre son magníficas en todas direcciones. La ciudad por un lado, con la Ciudad de la Cultura a nuestra izquierda y la catedral destacando en el centro del casco antiguo. Al fondo las antenas del monte Pedroso y en primer plano el pabellón del Sar. A nuestra derecha, el estadio de San Lázaro nos permite ver gran parte del terreno de juego (¡un buen sitio si algún tacaño quiere ver medio partido sin pagar entrada!). En la otra dirección tenemos todo el terreno que recorreremos a partir de ahora, destacando el Monte do Gozo, claramente distinguible por su albergue gigante.

Volvemos a bajar por donde hemos subido el último tramo y en el cruce giramos ahora a la izquierda para bajar por un camino que bien podríamos llamar pared, por su verticalidad. Finalmente enlazamos con una carretera asfaltada y nos dirigimos hacia el Monte do Gozo.
Después de cruzarnos con otra carretera un poco más transitada vemos ante nosotros una recta en subida que promete ser dura. La afrontamos con calma pues, aproximadamente a la mitad de la misma, debemos salvar el escalón lateral del asfalto para tirarnos monte abajo por un pequeño sendero que allí surge siguiendo un cortafuegos. Una vez más, aunque vemos ante nosotros una larga bajada y a continuación una subida inhumana, debemos abandonar a media bajada el sendero, en esta ocasión hacia la izquierda, para tomar un camino que va paralelo a la carretera por la que subíamos apenas un momento antes.
El camino por el que vamos en este tramo, aunque en subida, no es excesivamente duro pero es posible que nos toque desmontar pues la vegetación está estrechando el paso a gran velocidad y es posible que en poco tiempo sea incluso imposible pasar. Por el momento basta con pasar con cuidado de no quedarnos enganchados en los tojos y las zarzas que nos rozan dolorosamente.
Por este camino llegamos finalmente a una carreterita a la que entramos justo en una pronunciada curva. De tomarla hacia la izquierda podríamos llegar fácilmente a la cima del Monte do Gozo pero, al contrario, giramos a la derecha y, poco más adelante, abandonamos el asfalto por el camino que aparece a nuestra derecha, por el que descendemos y dejamos a nuestra izquierda, sin tomarlo, otro camino que nos daría acceso a la pequeña iglesia de Santa Eulalia de Bando. Pocas decenas de metros más abajo tomamos, ahora sí, un pequeño sendero que asciende a nuestra izquierda que nos da acceso a un camino algo más ancho que va hacia el este, remontando el curso de un pequeño riachuelo. Llegamos así a una pequeña carretera que debemos cruzar para continuar por el camino pero estamos aquí en un punto conflictivo ya que, aunque el camino sale de la carretera justo frente al camino que traíamos, apenas unos metros más adelante desaparece y reaparece al otro lado del río. Desconozco si hay una solución a este problema que no sea la que tomé yo: aprovecharme del escaso caudal del río para cruzar, bici al hombro, por unas piedras (en todo caso, también es posible salvar este complicado tramo gracias al asfalto que discurre a pocos metros).
Volvemos a salir a una carretera (una vez más queda demostrado que es imprescindible disponer de un GPS -o alquilarlo en el Centro BTT- y descargar los tracks para poder encontrar el camino correcto en este laberinto de carreteras, pistas y senderos sin señalizar que componen el rural gallego) y algo más adelante, de nuevo, la abandonamos por un camino que surge a nuestra derecha. Circulamos por caminos entre tierras de labor y alguna casa (atención al susto que nos darán los perros de una de ellas que, por el tono de sus ladridos, parece que basa su alimentación en la carne de ciclista cruda) y en poco tiempo nos internamos en un oscuro bosque en el que la humedad de los caminos puede causarnos alguna dificultad. Vamos subiendo poco a poco hasta encontrar una especie de cortafuegos que asciende en línea recta por la ladera aprovechando la zona que han limpiado para permitir el paso de una línea eléctrica. La tomamos hacia nuestra izquierda y continuamos el ascenso hasta que, después de unos cientos de metros que se nos hacen eternos, llegamos al punto más alto y empezamos el descenso, primero suavemente y, después de cruzar una carretera, de forma más pronunciada.
En un punto del descenso encontramos a ambos lados del camino sendas filas de colmenas. Justo antes de llegar a ellas giramos noventa grados a la derecha para seguir bajando (dejamos otras cuantas colmenas a nuestra izquierda en este tramo, así que mucho ojo si somos alérgicos a la picadura de estos insectos) hasta encontrar una pista que cruza perpendicularmente nuestro camino. La tomamos hacia la derecha, ya llaneando.
Unos pocos metros más adelante sale a nuestra izquierda una nueva pista. No debemos tomarla pero la menciono porque nos encontramos en las inmediaciones de la aldea de Zaramacedo y en el entorno de esta pista de la que hablo se encuentra el Dolmen das Derramadas… o más bien lo poco que de él queda. Tengo entendido que este monumento megalítico se encuentra en bastante mal estado escondido en medio de la plantación de eucalipto del que nos separa un extenso prado. Por desgracia durante mi visita no pude dedicar demasiado tiempo a la búsqueda y no pude dar con él, por lo que me vi obligado a continuar mi camino sin poder comprobar in situ su estado actual. Volveré. (Nota: esta última amenaza fue cumplida al recorrer el Giro de los Montes de Compostela, durante el que volví a pasar por la zona y, esta vez sí, pude localizar y fotografiar los restos del dolmen)

Continuamos nuestra ruta por pistas forestales que, a partir de aquí, estarán ya siempre en muy buen estado. Algo más adelante nos topamos con el asfalto de la transitada AC-261 que tomamos con mucha precaución a la derecha para abandonarla unos metros más adelante por el primer camino a la izquierda. Una vez más, desestimo la opción de ir en dirección contraria para visitar la cercana cascada conocida como Fervenza de Rubio porque, dada la pertinaz sequía existente, lo más seguro es que la hubiese encontrado seca. Cuando llueva, también volveré aquí.
Volviendo a la pista por la que íbamos, algo más adelante de donde abandonamos el asfalto, dejamos también la pista para, mediante un corto sendero que surge a nuestra derecha, pasar a otra pista que va paralela a esta. No voy a enumerar todas las pistas que enlazaremos a partir de aquí pero el caso es que terminamos llegando a una zona con pistas deportivas donde nos desviamos, ya por una carreterita asfaltada, a la izquierda para, muy poco más adelante, encontrarnos de nuevo con el camino jacobeo por el que empezamos nuestra ruta de hoy. Para no repetirnos demasiado, vamos a ir por él solo lo justo para cruzar las vías del tren por un paso elevado y después continuamos más o menos paralelos a la vía férrea hasta las proximidades de la estación de tren de A Susana desde donde, esta vez sí, regresamos casi inmediatamente al Centro BTT, dando por concluida nuestra ruta.
Ruta 6: Xiro da Cidade (62 km aprox.)
Esta última propuesta es, con diferencia, la más larga y dura de todas y nos permitirá rodear todo el casco urbano de Santiago con las consiguientes vistas panorámicas de la ciudad desde prácticamente todos los puntos de vista además de, como es lógico, encontrarnos en nuestro pedalear con todos y cada uno de los caminos jacobeos que entran a Compostela desde todos los puntos cardinales. Recorreremos bellas pistas y senderos, pero también callejearemos mucho por los suburbios compostelanos e incluso por algún poco amigable polígono industrial.
Como no podía ser menos, comenzamos la ruta por nuestra conocida Vía de la Plata que utilizaremos una vez más para ir desde el Centro BTT hasta la iglesia de Santa Lucía (y, una vez concluido nuestro giro alrededor de la ciudad, también para volver al punto de origen). Girando a la derecha por la última carretera que encontramos antes de llegar a la iglesia, que se transforma en camino a los pocos metros, subimos por el acogedor bosque que crece en torno al río Santa Lucía siguiendo la ya descrita ruta 1 y cruzamos después a la otra orilla por un pequeño puentecillo, junto a un molino, para después de unos metros de subida salir del bosque y tomar la carretera asfaltada, como también hicimos en la ruta 2.

Seguimos la carretera hasta llegar a una curva donde un camino surge de frente y se dirige hacia el impresionante viaducto que tenemos ante nosotros. Como también hicimos en la ruta 2, seguimos este camino pero, inmediatamente después de pasar bajo la vía de tren abandonamos el recorrido de esa ruta para girar ahora a la derecha por la carretera que sigue la línea marcada por los pilares del viaducto. Al llegar al punto donde esta tuerce a la derecha para volver a cruzar entre los pilares, nosotros no lo hacemos y, en su lugar, tomamos la pista de tierra que asciende a nuestra izquierda.

El camino asciende por el pedregoso terreno rodeado de un bosque que, aunque al principio esta compuesto en su mayoría por especies autóctonas, va dando paso a cada vez más pinos y eucaliptos a medida que ascendemos. Cuando parece que la dureza de la subida va remitiendo, encontramos un nuevo tramo donde se recrudece bruscamente para pasar bajo la vía de tren convencional (si considerásemos que la otra, la que pasa por el enorme viaducto, fuese de alta velocidad).
Pasado este tramo el ascenso vuelve a suavizarse y, tras girar casi ciento ochenta grados en un cruce, la pedregosa pista da paso a otra más cómoda con rastros de que en un pasado estuvo empedrada. Salimos así del bosque y vamos llaneando y a ratos subiendo, siguiendo un amplio valle cuya parte más profunda queda a nuestra derecha. Finalmente giramos en ángulo recto hacia la izquierda para encarar una larga recta -bordeada de terrenos plantados de pinos- consistente en una subida escalonada, a ratos muy dura, que pone a prueba nuestras fuerzas. Si nos vemos con ánimos de girar la cabeza comprobaremos que, a nuestras espaldas, el imponente Pico Sacro nos vigila.

Una vez en la parte más elevada, tras una suave curva a la derecha, vamos llaneando -pero aún con algún repecho- durante un rato y podemos por fin descansar un poco mientras disfrutamos de las magníficas vistas que abarcan toda la comarca de Santiago, desde las antenas del monte Pedroso y A Fontecova (por cuyas laderas no tardaremos en circular) hasta el valle de Santa Lucía del que venimos.
Llegamos así a un camino -o más bien un cortafuegos- que cruza ante nosotros perpendicularmente. Giramos por él a la izquierda y nos tiramos en vertiginosa y técnica bajada intentando no rompernos la crisma hasta encontrar un pequeño sendero a nuestra derecha que tendremos que tomar y que no es difícil pasar de largo sin verlo, concentrados como estamos en el descenso. Tomándolo -y con mucho cuidado, pues los tojos que lo bordean parecen estar plantados a propósito para «acariciar» a los ciclistas- seguimos bajando hasta encontrar otro camino más amplio y que ya llanea. Salvando las numerosas zonas encharcadas y en un tramo que en partes coincide con la ruta 5, vamos a salir a una carretera que nos da acceso al núcleo de Bando de Arriba, cuyas casas están construidas en torno a un pequeño parque o bosquecillo que alberga en su interior una fuente con lavadero.

Siguiendo la carretera, que va describiendo suaves eses, enlazamos con el Camino de Santiago con mayúsculas: el Camino Francés, aunque solo compartiremos recorrido con él durante unos metros pues poco más adelante los peregrinos girarán a la izquierda en busca ya del Monte do Gozo y nosotros giramos en sentido opuesto para, atravesando un solar utilizado como aparcamiento, acceder a la carretera nacional que comunica Santiago con el aeropuerto de Lavacolla.
Tomamos la carretera hacia la derecha pero, casi de inmediato, tomamos la carretera que sale al otro lado y que, a apenas unos metros, desemboca en la A-54. Sin embargo, justo antes de acceder a la rotonda sobre la autovía, nosotros nos desviamos a la izquierda para tomar la vía de servicio y, poco más adelante, cruzar al otro lado de la autovía por un puente, girando después a la izquierda para tomar una pista asfaltada que desciende vertiginosamente en una recta orientada directamente hacia las horribles instalaciones de una factoría maderera. Si tomamos sin contratiempos la curva que nos espera al final de la bajada, conseguiremos también pasar al otro lado de una nueva autovía -esta vez la AP-9- y giraremos después una vez más por una especie de vía de servicio separada de la autopista por un barranco y una valla de oxidado alambre de púas.
Sin embargo este feo tramo no dura mucho y nos adentramos de nuevo en el bosque a través de un bonito sendero que primero llanea y después nos ofrece un breve pero divertido descenso. Por desgracia el sendero no dura mucho y durante el descenso aparece a nuestra derecha la vía de tren que nos indica que regresamos a la civilización. Así, al momento llegamos a una carretera de impecable asfalto que tomamos a la izquierda para atravesar A Sionlla de Arriba, después de lo cual giramos a la izquierda para dirigirnos en línea recta a la fea maderera que ya vimos desde lo lejos. Cuando ya parece que estamos abocados a entrar sin remedio en sus instalaciones giramos a la derecha para bordearla y vemos nuestro camino interrumpido por la N-550.
Cruzamos con mucha precaución al otro lado y nos unimos a una nueva ruta jacobea -en este caso el Camino Inglés- en su trayecto hacia Santiago. Al final de la recta ascendemos el corto repecho y, después de girar para evitar el polígono industrial que nos corta el paso, subimos otra brevísima pero dura cuesta. Un nuevo giro nos lleva de nuevo hacia las naves industriales y de nuevo las evitamos girando a la derecha hasta que poco más adelante llegamos a un cruce donde el Camino Inglés se adentra en el polígono y nosotros hacemos justo lo contrario, alejándonos de Compostela.
Nos adentramos así en una zona de explotaciones ganaderas donde el abandono de lo rural contrasta con las impresionantes casas que salpican nuestro recorrido. Cruzamos Garabal y As Pereiras, donde tomamos la carretera que se dirige a Bálsoma, aunque habremos de abandonarla a los pocos metros. Estamos en un punto conflictivo, pues el camino que sale a la izquierda de la carretera parece no haber sido usado en mucho tiempo. Sin embargo es posible -aunque no fácil- circular por él y después de unos metros de cauteloso descenso giramos a la izquierda para encontrar otro camino por el que parece más sencillo avanzar… hasta que más adelante, al salir al raso, se encharca por completo y nos obliga a desmontar para salvar el tramo y llegar a la casa que vemos en la lejanía. Una vez superada la dificultad recorremos una decena de metros por asfalto antes de tomar el camino que, a nuestra izquierda, se adentra de nuevo en el bosque y que nos lleva una vez más en dirección al polígono del Tambre.
En el polígono rodeamos la inmensa nave de Mercagalicia y llegamos a una carretera que cruzamos para meternos por el sendero que bordea las naves de una empresa de vidrio. Al otro lado encontramos una nueva calle que tomamos hacia la izquierda (aquí hay un bar, por si necesitamos descansar) y después tomamos un camino que sale a la derecha de la carretera y que, por fin, nos aleja del feo polígono.
Entramos así en un bonito tramo en el que vamos enlazando caminos entre bosques y claros de pradera cuyo único pero es que, en las inmediaciones de la aldea de Escarabuña, el track tiene un error y nos mete en un camino sin salida. Si lo seguimos al pie de la letra nos hallaremos en un bosque de pinos con el suelo cubierto de zarzas y otras hierbas en el que no hay ni rastro del camino que, según el track, debería estar allí (en realidad son muy pocos los metros que nos separan del camino auténtico, pero no fui capaz de salvarlos ni en bici ni andando). Así, cuando vemos que el camino por el que vamos desaparece lo mejor es no intentarlo y, volviendo atrás, tomar en el único cruce la opción ascendente que, esta vez sí, nos lleva al buen camino.
La pista por la que vamos dejándonos caer termina llevándonos a un sendero y este a un diminuto puente formado por una sola piedra colocada sobre el cauce, que nos permite salvar el recién nacido río Sarela que se dirige ya hacia Santiago. Seguimos por el estrecho sendero el curso del río hasta encontrar otro sendero ascendente que tomamos para llegar a una casas y una carretera que, en pocos metros, nos lleva al cruce que vemos a la izquierda.

En este cruce tomamos la carretera hacia la derecha y, tras unos metros y ya en las inmediaciones de Sarela de Arriba, giramos casi ciento ochenta grados para tomar la carreterilla que surge a nuestra izquierda y que en un corto trecho nos lleva a la carretera que se dirige desde Santiago hacia la Costa da Morte (previo paso por Portomouro, entre otros lugares). La cruzamos con mucha precaución, pues la visibilidad en este punto no es la ideal, y continuamos de frente por otra carreterilla que al poco perderá su firme asfaltado para dar paso a un camino de tierra que se interna en el bosque. Dejamos a nuestra derecha una bifurcación que va ascendiendo hacia la cima del monte Pedroso (y que también nos permitiría acceder a una pequeña y moderna capilla dedicada a la virgen de Fátima) y continuamos llaneando hasta un cruce donde tomamos la pista ascendente de las dos que surgen frente a nosotros.
Después de superar sendas curvas en ángulo recto que esconden entre ambas un duro pero breve repecho continuaremos por un tranquilo camino llano que transcurre por la parte baja de la falda del Pedroso y deja ver a nuestra izquierda unas magníficas vistas de la ciudad compostelana. Este camino termina descendiendo hasta dejarnos en una carretera por la que debemos subir apenas unos metros hasta llegar a una rotonda. Nos encontramos en el acceso al área recreativa Granxa do Xesto, en la ladera del monte Pedroso, donde los compostelanos suelen disfrutar en familia de la naturaleza en una bonita zona con lagunas, juegos y hasta un chiringuito.
Desde este punto, si así lo deseamos, podemos hacer una ascensión a la cima del Pedroso donde tendremos unas amplias vistas panorámicas y podremos ver la gran cruz de piedra que marca el punto más alto (aunque un poco deslucida por estar rodeada de enormes antenas). A escasos metros podemos encontrar también un conjunto de petróglifos formado por varios dibujos espirales grabados en un afloramiento granítico (en la ladera opuesta, en la zona de Figueiras hay otros grabados similares y está también el castro de Marmancou, pero eso nos desviaría ya mucho de nuestra ruta).
Volviendo a la ruta donde la habíamos dejado, pedaleamos por la pista que limita el área recreativa Granxa do Xesto por su lado inferior (utilizada como zona de aparcamiento) hasta que, al final de la misma, superamos una pared de piedra y nos lanzamos en una rapidísima bajada por la zona forestal conocida como Selva Negra por un paseo de tierra (cuidado con los peatones) surcado por traviesas de madera colocadas para ofrecer sujeción a la tierra frente a las lluvias. Al final de este camino llegamos una vez más al asfalto, en este caso a la carretera que va desde Santiago hacia Santa María de Figueiras y que también permite subir a la cima del Pedroso. Nosotros la tomamos en dirección descendente, hacia la ciudad, pero solo durante unos metros, hasta llegar a una zona de viviendas donde tomamos la calle que surge a nuestra derecha y que nos obliga a girar casi ciento ochenta grados. Casi al final de esta calle, tras pasar junto a una fuente de gran frontón, vemos un pequeño sendero descendente entre la vegetación, por el que nos internamos.
Al final del serpenteante sendero, que algo más adelante se ensancha, encontramos unas casas y un camino ancho, que no es sino el que lleva a los peregrinos desde la capital compostelana hasta la costa Atlántica, la única ruta jacobea que no termina en Compostela sino que arranca allí: la Prolongación Jacobea a Fisterra y Muxía. Nos unimos a los peregrinos y unos metros más adelante, en el asfalto, giramos a la izquierda para descender hasta la aldea de Sarela de Abaixo, donde podemos ver la última vista que tienen los peregrinos de la catedral compostelana antes de girar bruscamente a la derecha, subir un corto y duro repecho, y abandonar de nuevo el asfalto para rodar por un camino bien arreglado que transita por el medio de un bosque de eucaliptos (árboles que ardieron por completo en esta zona en fechas tan recientes como 2006). Por este camino emprendemos el descenso pero al poco de iniciarlo, abandonamos a los peregrinos y nos internamos en el bosque, hacia la izquierda, para enlazar varios caminos que nos llevan directamente -demasiado directamente, diría yo- a la carretera que sale de Santiago y se dirige a Bertamiráns y Noia. Agradeciendo haber logrado detener la bici a tiempo, sin llegar a meternos en la calzada que aparece de repente, salvamos la pequeña acera peatonal y ciclista y avanzamos unos metros por la carretera hasta poder cruzarla utilizando para ello la cercana rotonda.

Desde la rotonda nos dirigimos hacia el hotel-balneario A Quinta da Auga para, justo al llegar, girar a la izquierda y remontar el cauce del río Sar por el caminito que avanza por su orilla. Por este camino seguimos avanzando hasta llegar hasta una bonita caída de agua (no puede llegar a llamarse cascada) donde ascendemos las escaleras de la izquierda para tomar otro camino que continúa remontando el Sar, aunque a mayor altura (unas piscinas y una pista de tenis nos separan ahora del río). A nuestros pies, a la derecha, vemos también una casa antigua de bonito jardín.
Llegamos así al lugar de Ponte Vella, donde la carretera cruza el Sar junto a una monumental fuente de bella factura. Comenzamos el ascenso por la carretera en una pronunciada curva para girar después a la izquierda (mucha precaución en el cruce sin visibilidad). Si desde la fuente hubiésemos subido por las escaleras que allí había habríamos llegado también a la carretera a la que hemos accedido ahora. Volvemos a encontrar señales jacobeas al llegar a un cruce, y eso es porque nos hemos unido a los peregrinos que vienen por el conocido como Camino Portugués (en un tramo compartido también con la Ruta del Padre Sarmiento).

Dejamos a la derecha un improvisado bar de sospechoso aspecto y cruzamos de nuevo el Sar, esta vez por un puente de piedra más bonito que el que utilizamos la última vez. El Camino Portugués se bifurca al otro lado del puente -junto a una herrería artística- ofreciendo la posibilidad de subir por asfalto, de frente, hacia Santiago (una variante que antaño fue más popular) o de continuar por el camino de tierra y piedras por el que debemos continuar nosotros. El camino discurre en paralelo al río Sar, que vemos a nuestra derecha, muchos metros más abajo. A nuestra izquierda queda la carretera de circunvalación de Santiago al otro lado de la cual queda el conocido como Castriño de Conxo, restos de un castro que ha sido muy maltratado con los años pero que aún conserva un magnífico petroglifo de tipo panoplia originario de la Edad del Bronce.

Volviendo al camino, éste termina pasando bajo la N-550 por el conocido como viaducto de la Rocha, pasado el cual el firme se transforma en asfalto una vez más y las casas vuelven a hacer acto de presencia hasta llegar finalmente a una carretera más ancha. En el cruce dejamos el Camino Portugués internándose en Santiago (aún sufrirá una nueva bifurcación antes de llegar a la ansiada catedral) y nosotros seguimos por la carretera hacia nuestra derecha, en bajada. Al momento, en un nuevo cruce, tomamos de nuevo a la derecha para cruzar así el río Sar y unos metros más adelante -pasado el colegio Santa Apolonia- giramos de nuevo, esta vez a la izquierda, para pasar bajo la vía férrea por un túnel con el tráfico regulado por un semáforo. Al otro lado, justo junto al semáforo del sentido inverso, debemos tomar el sendero que asciende a la izquierda y que desemboca algo más arriba en otra calle (cuidado en esta zona, pues los perros y sus pocos cívicos dueños la han convertido en «terreno minado»). Rodamos unos pocos metros en paralelo a la vía del tren -aunque a mayor altura- y después nos alejamos de ella para, después de un brusco giro a la derecha y uno posterior a la izquierda, encontrarnos cruzando la AG-56 por un puente (ignoramos en este punto las diversas señales que encontramos indicando que el paso está cortado). Casi de inmediato cruzamos otra autovía -en este caso la AP-9- por otro puente y al final de este giramos a la derecha para tomar la pista que avanza en paralelo a esta vía en dirección Pontevedra.
Rodamos en ligero ascenso desde una altura que permite contemplar perfectamente el casco urbano de O Milladoiro e ignoramos el puente que, a la derecha, nos llevaría a esta localidad después de cruzar la AP-9 y la N-550. Al contrario, nosotros doblamos en ángulo recto a la izquierda y comenzamos un largo ascenso más o menos escalonado por pistas forestales a través de un bosque de pino y eucalipto. Después de tomar diversas pistas en cruces sucesivos que no voy a detallar llegamos a un cruce en el que tomamos a la izquierda y, por fin, llaneamos durante algunos metros. Aún nos queda un corto -pero duro- repecho para llegar al siguiente cruce, esta vez a la derecha, que marca el final del ascenso (en la zona vemos un gran depósito de agua). Enseguida empezamos a ver de nuevo alguna vivienda unifamiliar salpicando el bosque y pronto regresamos al firme asfaltado, llegando después a un pequeño polígono industrial.
Giramos a la izquierda y pasamos rozando una de las urbanizaciones de la zona de Montouto. Después, en un nuevo desvío a la izquierda, dejamos otra vez el asfalto y regresamos a las pistas y al bosque. En cruces sucesivos vamos cambiando de la pista por la que veníamos a caminos cada vez de menor anchura hasta encontrarnos descendiendo a toda velocidad por un estrecho pero muy divertido sendero. Al contrario que antes, una nueva serie de cruces van ensanchando el camino por el que circulamos hasta que finalmente regresamos a la civilización representada por una casas y, una vez más, la AP-9. Pasamos bajo esta última por el paso inferior construido al efecto y, al otro lado, giramos a la izquierda de nuevo por un camino de tierra. En el primer tramo encontramos el paso interrumpido por un charco de grandes dimensiones que ocupa todo el camino pero un mínimo sendero elevado, a modo de acera, permite el tránsito por el margen derecho sin obligarnos a desmontar, pero poniendo a prueba nuestro equilibrio. Después el camino se estrecha y atraviesa un pequeño bosque hasta terminar de nuevo en el asfalto. Justo en los últimos metros, si tomamos la variante que desciende a la derecha en vez de seguir rectos hasta la carretera, encontraremos una bonita fuente al lado de un pequeño riachuelo que puede salvarse por una pasarela de cemento.


Hayamos llegado por donde hayamos llegado a la carreterilla asfaltada, utilizamos esta para cruzar el túnel que pasa bajo la vía férrea que interrumpe nuestro paso. Al otro lado tenemos que girar a la derecha por la misma carretera por la que vamos. Nos encontramos encerrados en un curioso triángulo de terreno rodeado de vías de tren por todos sus lados y al que hemos entrado casi por uno de sus vértices. Así, en pocos metros llegamos a otro de estos vértices y parece no haber salida… hasta que vemos un pequeño sendero que, más allá de unas estructuras de ADIF, se interna en la vegetación. Unos metros más allá el sendero nos lleva a un paso subterráneo que parece haber sido construido más para desagüe que para permitir el paso de unos insignificantes ciclistas. Aún así, lo utilizamos para cruzar al otro lado y después giramos a la derecha para continuar avanzando pegados a la vía.
Algo más adelante nos topamos con la AC-841 que cruzamos con precaución para alcanzar el paseo construido sobre las vías de tren soterradas. Aunque no deja de ser pintoresco, su firme de cemento y césped es de lo más incómodo para los ciclistas, por las vibraciones que provoca rodar sobre él. Sin embargo no deberemos soportarlas mucho tiempo ya que, después de haber sido interrumpido en una ocasión por el cruce con una calle y en sus últimos metros por un muro, el paseo muere bruscamente al llegar a la muy transitada SC-11. Nos vemos aquí obligados a rodar unos metros por la acera en dirección al centro de Santiago (a nuestra izquierda) para encontrar una pasarela peatonal que nos permitirá cruzar sin contratiempos el peligroso vial.
Al otro lado lo que encontramos es un pequeño barrio mezcla de modernos edificios de varias plantas y casas de una sola planta con algún año más a sus espaldas. Tomamos una tranquila carreterita que parece alejarse de la ciudad, dejando a la izquierda un centro educativo (llama la atención ver en el recinto lo que parece un frontón de pelota al aire libre, lo que es tan normal en otras tierras pero tan extraño en Galicia). En pocos metros surge a nuestra derecha una corta senda peatonal que desciende en paralelo a las vías de tren. Al llegar a su extremo inferior nos damos cuenta de que hemos llegado a la fatídica curva de A Grandeira, en Angrois, por la que ya pasamos en la anteriormente comentada ruta 3.
Desde aquí, después de cruzar sobre las vías férreas y bajo la AP-9 y de descender por el bonito camino rodeado de árboles que nos lleva a Piñeiro, solo nos queda retroceder por el camino jacobeo de la Vía de la Plata hasta la iglesia de Santa Lucía primero y, finalmente, hasta el Centro BTT Santiago, en A Susana.
