Provincia: A Coruña
Distancia: 9 km aprox. (18 km i/v)
Mapa:

Track: Descargar BatallaCacheiras.gpx
Vídeo: Ver ruta completa en vídeo.
Descripción:
Parece ser que los días 23 de abril no gustan mucho de pasar desapercibidos, y el de 1846 no quiso ser menos. En el marco de las revoluciones liberales que por aquellas décadas del siglo XIX brotaban por toda Europa, el levantamiento que tuvo lugar aquel día en Galicia podría pasar desapercibido por su escasa importancia, pero no por pequeño dejó de tener una amplia relevancia que, aún hoy, se ve reflejada en los movimientos galleguistas. Aquel enfrentamiento militar tuvo lugar en Cacheiras, muy cerca de la capital compostelana, y el Concello de Teo -en cuyas tierras se encuentra dicha aldea- ha señalizado una corta ruta que recorre los principales lugares que marcaron aquella contienda histórica. Como amante de las rutas y de la Historia, no podía ignorar una invitación tan clara. Comencemos.
Como ya he dicho, corría el año de 1846 y reinaba en España Isabel II, siendo presidente del Gobierno el conservador Ramón María Narváez, quien ejercía unas políticas de marcado carácter centralista. Sin entrar en los precedentes en los que se fue cociendo el descontento social durante décadas (existe sobrada bibliografía sobre el tema para quien quiera profundizar en él), el caso es que el 2 de abril se produjo en Lugo un pronunciamiento que cuestionaba el conservadurismo de Narváez y reivindicaba la unidad de Galicia, cuyo antiguo reino había sido recientemente dividido en cuatro provincias. Como consecuencia de este pronunciamiento se constituyó, el 15 de abril, la Junta Superior del Gobierno de Galicia, que no tardó en proclamar el levantamiento contra la Corte «colonizadora».
Por supuesto, a Narváez no le hizo ninguna gracia el levantamiento y, como por aquellos tiempos no se andaban con tonterías, mandó hacia Galicia sus tropas con la intención de soplarles de encima a los gallegos sus aires revolucionarios. Tres mil soldados fuertemente armados (trescientos de los cuales a caballo) se dirigieron hacia la colina -o cumio do Montouto- donde los aguardaban los tres mil hombres sin formación militar que formaban el Ejercito Libertador de Galicia bajo el mando del General Miguel Solís, a la sazón representante del ejército en la Junta Superior del Gobierno de Galicia… y, el 23 de abril, se lio parda.
Parece ser que las tropas gubernamentales comandadas por el general Gutiérrez de la Concha, en su camino hacia el norte, pasaron la noche previa al enfrentamiento en la casa rectoral de la iglesia de Bamonde y es en este lugar donde comienza nuestra ruta, perfectamente señalizada con flamantes postes en perfecto estado de conservación (no parece que lleven mucho tiempo) y un par de completos paneles informativos en ambos extremos del recorrido. Se da la circunstancia de que a escasos metros del inicio del recorrido se encuentra un bar donde, de encontrarlo abierto, podremos tomar fuerzas para el paseo que, en su mayor parte, es ascendente. Entre el bar y el inicio de la ruta encontraremos también un «tele-club» pero, como se desprende de su propio nombre, el local tiene pinta de llevar unos añitos clausurado.

El panel informativo que nos resume la historia de la batalla y marca el comienzo de la ruta se encuentra, como ya he dicho, frente a la casa rectoral de la aldea de Bamonde, una sobria casona señorial de aspecto cúbico que parece haber conocido tiempos mejores y que sobrevive como puede entre las ruinas de otras construcciones que han corrido peor suerte. En su fachada este, desprovista de balcones, cabe destacar como única ornamentación el escudo nobiliario que puede verse sobre la puerta, una inscripción prácticamente borrada en el dintel principal y, cerca del tejado, una figura esculpida en altorrelieve que no pude identificar pero, por la advocación de la cercana iglesia y por los ángeles que la acompañan y coronan, imagino que representa a la Virgen María. En la fachada sur, semicubierta por la hiedra, destaca la balconada del piso superior en la que echamos en falta la barandilla: una barandilla que a punto estuvo de provocar un vuelco en la historia de Galicia al ceder bajo el peso del general de la Concha al asomarse este al balcón durante la noche de autos y librándose por los pelos de darse un buen costalazo.


Frente a la casa rectoral y a un nivel más elevado que esta, se encuentra la iglesia de Santa María de Bamonde, un magnífico ejemplo de iglesia rural gallega en cuya barroca fachada principal podemos ver una hornacina conteniendo, ahora sí, una escultura de la Virgen. Completa el conjunto un crucero de bella factura levantado junto a la balaustrada que rodea el atrio de la iglesia, al que se accede por unas empinadas escaleras.

Continuamos la ruta por la calle asfaltada que, en sus primeros metros, se encuentra cubierta por una parra. En este tramo nuestro camino es descendente. Disfrutémoslo, pero no nos acostumbremos pues no durará mucho. Apenas unos metros más adelante, en la primera bifurcación, encontramos otro crucero muy simple, sin decoración. Nada que ver con el que hemos dejado atrás junto a la iglesia.
Nuestro camino -hasta ahora asfaltado- llega así a la aldea de Tribaldes, en la que no hay nada digno de mención aparte de lo habitual que encontraremos en todo nuestro recorrido: hórreos e impresionantes casas de piedra. Regresamos a campo abierto y nuestro camino parece estrecharse cada vez más hasta que, al adentrarnos en un bosque, el asfalto termina muriendo frente a una casa y nos vemos obligados a tomar a la izquierda en un descenso por tierra. En pocos metros, nos topamos con un río (el Santa Lucía) que podremos salvar gracias al sencillo Ponte do Recobio. Antes de hacerlo, sin embargo, merece la pena detenerse unos instantes en el pequeño merendero que queda a nuestra derecha y junto al cual el río salva un pequeño desnivel (lo que parece haber sido en tiempos una pesquera) formando una mínima cascada.

Regresamos al camino y ascendemos al otro lado del río hasta llegar de nuevo al asfalto, que tomamos hacia la derecha para llegar a otra pequeña aldea, Eo dos Menecos, que hemos de cruzar. Salimos al otro lado por un camino de tierra que deja a su derecha una mínima zona recreativa consistente en un banco junto a la fuente de un viejo lavadero. El camino se transforma de nuevo en asfalto -de esa forma tan típica de Galicia, en la que vas por tierra y de repente pasas al asfalto sin que puedas asegurar dónde fue el punto exacto donde tuvo lugar la transición- y giramos a la derecha para llegar a Vilanova, una nueva aldea de magníficas casonas familiares centenarias construidas en granito.


Pedaleamos ahora por una larga recta con inmejorables vistas sobre el Pico Sacro. Una vez más el camino ha pasado a ser de tierra y emprendemos un corto tramo de pronunciada bajada para girar bruscamente a la izquierda y reencontrarnos con la carretera. Nos encontramos en Trasparedes, donde tendemos que enfrentarnos a un duro repecho que tiene como recompensa alcanzar, tras superar un cruce y callejear por una aldea, una extraña glorieta en cuyo centro se encuentra un no menos extraño crucero que, aunque conserva elementos originales, ha sido completamente reconstruido ¡con cemento! Si queremos cerrar los ojos para no herir nuestra sensibilidad estética no necesitaremos hacerlo por mucho tiempo, pues en pocos metros alcanzamos una bifurcación que tomamos a la derecha para encontrarnos casi de inmediato con un crucero mucho más bonito: el de Santa Eufemia, que se levanta al lado mismo de la grandiosa ermita del mismo nombre (de factura, por cierto, muy similar a la iglesia de Santa María de Bamonde). Entre ambos -crucero e iglesia- nos encontramos un restaurante con aspecto de moderno y probablemente caro, pero que bien pude servirnos para reponer fuerzas.

Continuamos nuestro pedalear hasta una curva de la carretera, donde abandonamos el asfalto para cambiarlo por la tierra del camino que aparece a nuestra derecha. La pista asciende a través de un bosque de eucaliptos y termina llevándonos de nuevo al asfalto de una carreterilla que usamos para cruzar, por un paso elevado, al otro lado de la autovía AG-59. Inmediatamente después tomamos a la derecha y de nuevo a la izquierda en una interminable alternancia de cruces, aldeas, tierra y asfalto, que terminan dejándonos en Raxó, aldea que lo tiene todo: un crucero bastante elaborado (aunque en medio de un cruce y rodeado de asfalto), una capilla de ánimas y, si bajamos unos metros por la carretera que encontramos a nuestra derecha desde el crucero, un santuario de curioso nombre: Nosa Señora das Cabezas.


Merece la pena recorrer la corta distancia que nos separa de esta pequeña ermita, con amplio pórtico y dos hornacinas vacías flanqueando la puerta, aunque solo sea para rodearla y curiosear, en la parte trasera de la misma, en una zona con molino, fuente y una pequeña pila de piedra con inscripciones.


De regreso ya a la zona del crucero después de un corto ascenso, tomamos a la derecha (de frente según veníamos antes) para enfrentarnos a una dura subida entre enormes casas modernas, una de las cuales -que dejamos a nuestra derecha- muestra un llamativo reloj de sol en su jardín. Poco más adelante el camino desciende un poco para permitirnos pasar bajo la autovía y a continuación retoma el ascenso aún con mayor dureza.
Como de costumbre, llega un punto en el que el asfalto da paso, sin motivo conocido, a la tierra y algo más adelante dejamos la pista que traemos para girar a la derecha y asustarnos viendo la bestial rampa que aparece ante nosotros. Si queremos ganar nuestra personal batalla de Cacheiras deberemos llegar hasta arriba, a ser posible sin desmontar (en mi caso, con la disculpa de un radio roto unos kilómetros atrás, me permití el lujo de aceptar mi derrota y subir empujando la bici a pie).
Finalmente, y una vez ascendido lo más duro, solo nos queda rodear el alto de Montouto -que dejamos a nuestra izquierda- hasta llegar a la carretera que da acceso a las antenas de telecomunicaciones y utilizar esta para llegar hasta la cima donde podremos disfrutar de unas magníficas vistas de todo el valle por el que ha transcurrido nuestra excursión e ilustrarnos con un nuevo panel informativo que nos cuenta la batalla que aquí tuvo lugar y que terminó con la derrota de las tropas sublevadas de Solís, cuyos cabecillas fueron ejecutados días más tarde en la localidad de Carral (por lo que pasaron a la particular historia del nacionalismo gallego como «los mártires de Carral»).




Y hasta aquí la ruta que nos ha traído por las tierras que tenemos ante nosotros y que no pueden ser descritas mejor de lo que lo hizo en 1908 Francisco Tettamancy:
«Desde Montouto, abstráese el espectador al admirar el poético panorama que a su vista se presenta, destacándose en primer término los pintorescos y exuberantes valles de Cacheiras y Recesende, con sus agrupaciones escalonadas de blancas casitas, que se asientan en los lugares de Constenla, do Sixto, Recesende, Cacheiras, San Simón, Riveira, Sebe, Feros y Rejo, hasta dominar todas aquellas extensas y risueñas lejanías que completan la cuenca de la Ramallosa, Lucí, Rarís, Sales, Illobre, Oza, Reyes al Puente Vea, con su profusión de grisáceas montañas, sobresaliendo la del famoso Pico Sagro, ese monte de gran Importancia legendaria por su riqueza en leyendas, tradiciones y recuerdos históricos.
Otros pueblecitos divísanse igualmente hacia la floreciente vega del Ulla, como el valle de Santa Lucía, que presenta, como el de Cacheiras, múltiples variantes de esmeraldina alfombra, festonándolo espesas robledas, castañares y los esbeltos y aromáticos pinos, tan cantados por la lira del ilustre poeta Eduardo Pondal.
No parece algo que el destino había reservado a la noble revolución gallega, la belleza de esa pequeña porción de tierra para las primeras pruebas de su sacrificio: tan en consonancia estaban las ideas de la una con las bondades de la otra […]»
Una vez disfrutadas las magníficas vistas, podemos ya salir de nuestra abstracción de espectadores y, habiendo echado un vistazo a los paneles informativos y al pequeño monumento conmemorativo de la batalla (o más bien de la carrera que todos los años se celebra aquí), sopesar nuestras opciones: regresar por donde hemos venido hasta el comienzo de la ruta en un tranquilo descenso casi continuo -para desquitarnos de lo que hemos sufrido para subir aquí-, recorrer la corta distancia que nos separa de Santiago -si deseamos terminar allí nuestra excursión-, o bien dirigirnos al otro lado del «Plató 1000» que vemos a nuestras espaldas -y donde, por cierto, se graban algunos de los programas más exitosos de la televisión gallega- por donde pasa la ruta número 6 del Centro BTT de Santiago, y seguirla hasta A Susana desde donde, siguiendo la ruta 4 del mismo Centro, podremos llegar relativamente cerca de Bamonde cerrando así nuestro círculo.
No podemos dar por cerrada esta ruta sin mencionar que, si recorremos la zona en las semanas previas al carnaval, es posible que nos topemos en alguna aldea con los pintorescos Xenerais da Ulla y podamos disfrutar de alguno de sus característicos atranques.


Completamos así una ruta apta para todos los públicos y para todos los tipos de bicicleta (ya que, aunque no todo está asfaltado, tampoco encontramos caminos en mal estado) e incluso para senderismo. Una buena opción para una histórica tarde de paseo por los alrededores de Compostela.