Rutas por las Aldeas Históricas de Portugal: XV Semana Europea de Cicloturismo de la UECT

Provincias: Guarda y Castelo Branco (Portugal)

Distancia: Variable (18 rutas de entre 30 y 126 km aprox.)

Mapa:

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Descripción:

Siglo XXI. Todos los jubilados de Europa se retiran a las costas del sur de España para tumbarse al sol y darse a la buena vida… ¿Todos? ¡No! Un puñado de irreductibles galos aún resiste y, al volante de una autocaravana, recorre las carreteras de Europa para, una vez en su destino, practicar su afición favorita: el cicloturismo. Una vez al año, estos extraños personajes se reúnen en un punto aleatorio del continente para celebrar, junto con algunos pocos correligionarios llegados de otros lejanos lugares, los ritos propios de su secta.

Así, bajo el auspicio de la arcana Unión Europea de Cicloturismo (UECT para los iniciados), a finales del mes de junio de 2019 se reunieron en la histórica localidad de Belmonte (Portugal) más de un millar de franceses, cerca de un centenar de polacos, aproximadamente la mitad de ucranianos, veintitantos portugueses, en torno a una docena de belgas y otros tantos ingleses, un puñado de australianos, algunos canadienses, un par de austriacos y suizos, un búlgaro solitario y seis españolitos perdidos… entre los que, claro está, no podía faltar el que esto escribe.

La Semana Europea de Cicloturismo -que ya celebra su decimoquinta edición- propone muchas actividades que incluyen desde aquellas que no requieren bicicleta (como los conciertos nocturnos, o las planeadas para los acompañantes, quienes visitan museos y hacen excursiones en autobús) hasta una ruta de larga distancia que cubre cerca de seiscientos kilómetros. Entre ambos extremos se encuentran las rutas señalizadas (y avitualladas) organizadas a diario, que toman como referencia una aldea histórica o punto de interés cada día y constan de tres alternativas de diferente longitud, en función de las ganas de pedalear de cada uno.

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El propio planteamiento de un evento de este tipo me lleva en esta ocasión a cambiar mi forma de describir las rutas (entre otras cosas porque no las he realizado todas sino solo una cada día), por lo que pasaré de mis detalladas descripciones habituales a una más somera, limitándome a hacer una introducción general de las rutas diarias y dar un formato de crónica o bitácora a la que realicé cada día.

Las denominadas «aldeias históricas» son doce: Almeida, Belmonte, Castelo Mendo, Castelo Novo, Castelo Rodrigo, Idanha-a-Velha, Linhares da Beira, Marialva, Monsanto, Piódão, Sortelha y Trancoso. Debido a la relativa dispersión de las mismas, algunas de ellas no se visitaban en ninguna de las rutas diarias (aunque ya tuve ocasión de visitar en otras ciclistas ocasiones algunas de ellas: Almeida, Castelo Mendo, Castelo Rodrigo y Marialva). Otras solo se alcanzaban en un extremo de la ruta más larga del día, que incluía una distancia asequible pero un desnivel positivo excesivamente elevado. Solo una -Sortelha- era visitada por todas las distancias. Por último, la base de operaciones -principio y fin de todas las rutas- era otra aldea histórica: Belmonte. Empecemos por describir esta localidad y pasemos después a las rutas.

Día 0:

Pues aquí estamos: en Belmonte. Y como la programación para el día previo al comienzo de las rutas se limita a tener que dejarnos caer por el pabellón multiusos local para registrarnos y recoger la documentación correspondiente (que incluye un práctico mapa con todas las rutas dibujadas) podemos dedicar el resto de nuestro tiempo a explorar el casco urbano.

Por supuesto, la primera visita obligada es lo que, a su vez, ha sido lo primero que llamó nuestra atención al acercarnos a la ciudad: el imponente castillo que domina el caso urbano. Así, como se desprende de su nombre, Belmonte está construido casi en su totalidad sobre una elevación del terreno que no tardaremos en sufrir en nuestras piernas. Sin embargo, este mismo nombre no es tan claro cuando nos fijamos en la primera parte del mismo pues, mientras algunos dicen que se debe a la belleza del lugar (las magníficas vistas en todas direcciones así parecen confirmarlo), otros defienden que el origen de «Bel-» no es «bello», sino «bellum» -guerra-. Como las piedras siempre son neutrales, el castillo que corona el monte no parece decantarse por ninguna de las dos opciones mientras que, al mismo tiempo, las apoya a ambas dando un indiscutible extra de belleza a la localidad a la vez que nos recuerda que los tiempos pasados pudieron ser mejores, pero no más pacíficos.

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El castillo, cuyo interior es visitable (aunque se conserva poco más que la torre del homenaje y la muralla exterior), data del siglo XIII, aunque sus mejores momentos los vivió en el XV, cuando la propiedad paso a manos de la familia Cabral -su escudo de armas aún puede verse en algunos puntos del castillo-. Fue en 1466 cuando Fernão Cabral pasó a ser señor del castillo y solo un año después nacía entre estos muros su hijo Pedro Álvares Cabral, quien pasaría a la historia por una excursioncilla en barco que hizo allá por el año 1500, descubriendo en nombre de Portugal nada más y nada menos que un lugar llamado Brasil. La bandera de este ahora independizado país ondea en lo más alto de la torre del homenaje, pocos metros por encima de una bonita ventana del siglo XVI y estilo manuelino que es de lo más destacable de la construcción.

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A pocos metros del castillo, en lugar también privilegiado, se levanta el sepulcro de los más destacados miembros de la familia Cabral, en un panteón del siglo XV adosado a uno de los costados de la iglesia de traza románica de Santiago (por aquí pasa una de las variantes portuguesas del Camino Jacobeo, que transcurre por la antigua vía romana que iba de Mérida a Braga), donde podemos disfrutar de los restos de unas interesantes pinturas murales así como de una magnífica Piedad esculpida en el siglo XIV.

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Compartiendo con el castillo y la iglesia de Santiago la parte más alta del casco urbano encontramos también un par de modestas capillas dedicadas a San Antonio y al Calvario respectivamente.

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A poco que nos hayamos fijado, desde las murallas del castillo no hemos podido dejar de observar que no muy lejos, junto a un depósito de agua pintorescamente decorado, se levanta otra iglesia de importante tamaño. Se trata de la iglesia matriz de Belmonte que, aunque no sea de gran interés arquitectónico, no debemos dejar de visitar.

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A mitad de camino entre ambos lugares se abre una bonita plaza centrada en el «pelourinho» local (lo que venía siendo la picota en los tiempos en los que se ajusticiaba públicamente) y uno de cuyos laterales lo conforma el antiguo ayuntamiento (el actual es un edificio moderno frente al pabellón multiusos) que ahora sirve como sala de exposiciones. En esta plaza hay también una agradable terraza donde podemos comer unas ricas tapas con -en ocasiones- música en directo.

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En un rincón de este mismo espacio encontramos ya un indicio de otra de las peculiaridades de la historia de Belmonte y es que no puede dejar de sorprendernos la presencia de un monumental candelabro de nueve brazos típicamente judío. La solución al enigma se encuentra al final de la misma calle en forma de una casa de piedra con ventanas azules que responde al nombre de Museo Judaico. Si pasamos al interior descubriremos que en este pueblo se conserva un importantísimo foco de criptojudaísmo que ha llegado hasta nuestros días.

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En efecto, la comunidad judía de Belmonte fue creciendo a medida que en otros lugares de Europa -especialmente en la cercana España- era prohibida esa religión y cuando dicha prohibición tuvo lugar también en Portugal, los judíos de Belmonte no huyeron ni se convirtieron, sino que pasaron a llevar una doble vida religiosa: cristianos de cara al exterior, judíos de puertas para adentro. Así, las prácticas judías (si bien es cierto que algo desvirtuadas) se conservaron hasta que, ya en el siglo XX, un ingeniero judío de origen polaco que pasaba por aquí descubrió la fe de estos marranos (no soy racista: este es el peyorativo nombre que se asignaba antaño a los judioconversos que conservaban su cultura a escondidas), se ganó su confianza y los ayudó a salir del armario, lo que a la larga permitió que hoy en día en Belmonte haya una importante comunidad sefardí que cuenta con una sinagoga plenamente operativa (inaugurada en 1996 en las proximidades de la antigua judería).

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Además de lo ya mencionado, no debemos dejar de visitar el Museo de los Descubrimientos (en recuerdo a Pedro Álvares Cabral, este amplio edificio construido junto a una de las casas de su familia nos permite, mediante un importante despliegue multimedia, conocer los viajes de los antiguos descubridores y acercarnos a la cultura portuguesa de ultramar), el Ecomuseo del Zêzere (un antiguo almacén de los Cabral que hoy acoge un centro de interpretación de la vida natural del cauce de este río) y el Museo del Aceite (un lagar del siglo XIX reconvertido en centro de interpretación de las explotaciones de aceite del siglo XX y donde se pueden también adquirir algunos deliciosos productos locales).

Pero vayámonos a descansar, que mañana tenemos mucho que pedalear.

Día 1:

Nos estrenamos sobre la bici en un día dedicado a Sortelha, una aldea histórica que, por su proximidad a Belmonte, es lugar de paso para las tres rutas.

Recorrido corto (40 km aprox.):

La opción más asequible del día nos saca de Belmonte hacia el este, cruza la localidad de Trigais y emprende el ascenso a Sortelha. Desde esta aldea histórica, tras realizar parte del descenso por el mismo sitio por el que se subió, toma dirección sur para llegar a Santo Amaro y regresar después a Belmonte por Quintas do Espinhal e Inguias.

Recorrido medio (51 km aprox.):

Compartiendo recorrido con la opción corta, descendemos del castillo de Belmonte y nos adentramos en una estrecha carreterita que no tarda en demostrarnos que los repechos portugueses no son para tomárselos a broma. Superada la primera dificultad y cruzada la autovía, vamos enlazando carreteras en dirección este o sudeste. Pasado el caserío de la pequeña localidad de Olas, giramos bruscamente a la izquierda para llegar a Trigais y, en las proximidades de Bendadas, giramos a la derecha para disfrutar de un duro repecho que nos sirve de aperitivo para la principal dificultad del día: la subida a Sortelha, que aparece ante nosotros tras un giro en angulo recto a la derecha y el posterior paso por las afueras de Azenha. En una curva de herradura dejamos a la derecha el cruce por el que va el recorrido corto (en su camino de regreso de Sortelha) y nos enfrentamos a una subida corta, pero resultona, que termina dejándonos en Sortelha, previo paso por una pequeña zona de descanso decorada con esculturas y mosaicos con inmejorables vistas y refrescante fuente que nos invita a hacer una parada (aquí toca la obligatoria foto grupal de la representación española en pleno) y nos permite llegar a las primeras casas de Sortelha relativamente descansados.

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Nada más entrar en la histórica aldea (nosotros teníamos un punto de avituallamiento en este cruce) debemos dirigirnos a la derecha y ascender como podamos por la empinada calle empedrada que nos lleva directos a una elevación donde se levanta una torre campanario con reloj desde donde las vistas son magníficas, por lo que merece la pena dejar la bici y completar andando los metros de sendero que nos llevan a esta Torre Sineira.

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Continuando por el camino que llevábamos (dejando a la derecha la curiosa formación granítica que por motivos obvios recibe el nombre de Cabeça da Velha) llegamos a la antigua muralla, donde lo primero que encontramos es una de las entradas al recinto amurallado que recibe el curioso nombre de Puerta Falsa. Junto a ella, adosada a la muralla, vemos la Torre do Facho.

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En el interior de la muralla, justo frente a esta puerta, se encuentra la Rua dá Mesquita, donde destaca la Casa Árabe, una construcción del siglo XIV con la inscripción «jhvs Ave Maria» grabada en el dintel con caligrafía gótica cursiva. En la parte baja de la calle vemos ya otra puerta de la muralla: la Puerta Nueva.

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Pero no pasemos todavía al interior, pues algo más adelante siguiendo el perímetro exterior de la muralla (en el extremo oeste de la localidad) nos esperan varias construcciones que, aunque en ruinas, tienen su interés.

Lo primero que vemos es el antiguo Hospital de la Misericordia, construcción del siglo XVI (aunque algunos autores apuntan a un posible origen medieval) cuya función viene ya implícita en el nombre. Tras estos restos, encontramos también las ruinas de la iglesia medieval de la Misericordia (también conocida como Santa Rita o San Juan) y las de la capilla de Santiago. En la misma zona es posible localizar también varios sepulcros antropomorfos, situados prioritariamente en los atrios de las diversas iglesias.

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Volviéndonos hacia la muralla, nos topamos con la ya mencionada Puerta Nueva (que curiosamente resulta ser la más antigua de la ciudad). En sus proximidades se celebraba la feria en época medieval y de ahí que, para evitar problemas comerciales, la longitud de algunas de las medidas utilizadas en el mercado se encuentre, literalmente, grabada en piedra junto a la entrada.

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Ya dentro del recinto amurallado vamos por la calle que va en línea recta desde la puerta dejando a la izquierda interesantes ejemplos de arquitectura del siglo XVI, como la antigua residencia parroquial o la Casa del Gobernador. Llegamos así a la iglesia matriz, la de Nuestra Señora de las Nieves, también del siglo XVI y estilo renacentista.

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En el espacio que se abre en la parte baja de la iglesia -la plaza que nos separa del castillo-, lo primero que llama la atención es el «pelourinho» (manuelino del XVI), que como es lógico se levanta frente a la antigua cárcel (contemporánea de aquel), pero también debemos fijarnos en la Puerta del Castillo y, por supuesto, en el propio castillo del siglo XIII que podremos explorar a nuestro antojo pero extremando las precauciones, pues la seguridad del turista del futuro no figuraba entre las prioridades de Sancho I cuando ordenó construir la fortificación en tan abrupto terreno.

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Es hora ya de abandonar Sortelha terminando de cruzar su casco histórico (engalanado para celebrar la fiesta del «Beijo sem Fim») para salir de la muralla por la puerta situada más al sur de la muralla. No pretendo haber descrito en las líneas precedentes todo lo que de interés podemos encontrar en esta localidad, pero de intentar hacerlo no terminaríamos nunca y el futuro cicloturista perdería el placer del descubrimiento.

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Salimos pues de Sortelha por la carretera que, hacia el este, va hacia Sabugal. Sin embargo, después de un rato de llaneo en ligero ascenso encontramos un cruce que tomamos a la derecha y nos dejamos caer por una tranquila carretera de impecable asfalto que, a pesar de algún que otro tobogán, es mayoritariamente de descenso.

Terminamos llegando así a un pueblo de evocador nombre, Terreiro das Bruxas, donde giramos a la derecha para tomar ya la dirección de regreso a Belmonte. La carretera sigue un pequeño valle que nos lleva a Casteleiro. Dejamos a la derecha Carrola, nos unimos de nuevo al recorrido corto en Santo Amaro, cruzamos Quintas do Espinhal y nos desviamos para pasar por el caso urbano de Inguias donde (según cuentan, pues no pude visitarla) se encuentra la capilla de Nuestra Señora de la Estrella, de origen medieval, un altar romano dedicado a Júpiter en su interior y tumbas antropomorfas en el exterior.

Siguiendo en dirección a Belmonte pasamos primero por el caserío de su estación ferroviaria, donde debemos pasar sobre las vías del tren y después sobre la autovía para finalmente enfrentarnos a la subida final que nos devuelve a nuestro punto de partida.

Recorrido largo (99 km aprox.):

Esta opción, de considerable desnivel acumulado, coincide con la de distancia corta hasta algo después de pasar Sortelha, pero se dirige después, por Aldeia de Santo Antonio, hasta la bella localidad de Sabugal que, a pesar de no pertenecer a las Aldeas Históricas, cuenta con un casco histórico de gran interés donde destaca su Castillo de las Cinco Esquinas (por la forma pentagonal de su torre del homenaje) que data de los siglos XII-XIV. La ruta continúa por la carretera que va por Rendo y Vila Boa hasta las proximidades de Nave (localidades todas estas que, al igual que Sabugal, ya pertenecen a la historia de mis aventuras ciclistas por Portugal) desde donde regresa por Soito y Quadrazais, bordeando la sierra de Malcata y la localidad que le da nombre, hasta Santo Estevão, poco después de lo cual se une al recorrido medio en Terreiro das Bruxas para dirigirse finalmente a Belmonte.

Día 2:

Algo se cuece en Belmonte. Una muchedumbre vestida de licra deambula por sus calles en dirección al largo del castillo mientras los drones sobrevuelan el casco urbano y diversas pancartas y banderolas de colorines empiezan a instalarse por doquier. A media mañana (con el cambio horario eso es prácticamente mediodía en España y nos encontramos en lo peor de una ola de calor sin precedentes históricos en toda Europa), lo que empieza a cocerse es el millar de ciclistas que se agolpan en el interior del castillo para asistir a la inauguración oficial de la XV Semana Europea de Cicloturismo de la UECT. Un par de actuaciones musicales (de niños que, muy inteligentemente, se refugian en cada resquicio de sombra que ofrecen los antiguos muros), un desfile de banderas de los países participantes, unos cuantos discursos (edición bilingüe) de personalidades variopintas y, por fin, estamos listos para empezar a pedalear en una corta marcha de recorrido único (30 km aprox.) que, tras unos primeros minutos de atasco, coge algo de soltura y permite pedalear sin estrecheces.

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Después de descender al valle del Zêzere, giramos a la derecha -hacia el norte- y de nuevo después a la derecha para emprender una corta y suave subida hacia Colmeal da Torre que deja a la derecha, ante una bonita vista de Belmonte y también de la cercana Sierra de la Estrella, la misteriosa torre de Centum Cellas. De esta edificación, de más de una decena de metros de altura y originaria del siglo I de nuestra era, aún no se conoce su función y las teorías son diversas: cárcel (de ahí procede su nombre), templo, albergue, villa, pretorio… Lo que sí ha podido saberse es que las ruinas que la rodean formaban parte de la villa de un comerciante de estaño -abundante en la región- llamado Lucius Caecilius, por lo que se cree que la torre formaba parte de su residencia. Aunque rodeadas de una valla, las ruinas son visitables de forma gratuita y libre, aunque el estado de la parte superior de la torre hace recomendable no acercarnos demasiado a ella o, al menos, no quitarnos el casco para hacerlo.

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Después de un primer giro a la derecha y uno posterior a la izquierda, pasamos por encima de la autovía (cuidado con el tráfico que pueda acceder o proceder de esta) y pedaleamos hasta la cercana localidad de Maçainhas, a la que reconoceremos por el viejo tranvía que tiene plantado en su plaza principal a pocos metros del campanario.  Se trata de un modelo 546 -construido en 1931- del sistema de Carris de Lisboa que fue traído a esta aldea por un paisano que trabajaba en dicha empresa cuando esta renovó su flota. Aunque no tuve ocasión de visitarlo, en el pueblo existe también un lagar de aceite hidráulico que aún esta operativo y ofrece degustaciones de este producto.

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Pasado Maçainhas cruzamos al otro lado de la vía de tren y una pronunciada curva nos adentra en un valle abierto entre dos montes que lleva a la aldea de Olas, donde reconocemos el cruce en el que ayer mismo nos incorporamos a la carretera por la que ahora pedaleamos. Poco más adelante, donde ayer giramos a la izquierda buscando la cercana Trigais, hoy nos salimos del asfalto por la pista que sale frente a nosotros y que en pocos metros termina en un amplia área recreativa en torno a una humilde ermita dedicada a Nuestra Señora de la Estrella. Aquí la organización nos espera con carne en el asador, una pequeña charanga de acordeones y muchos litros de bebida para combatir el agobiante calor de la tarde portuguesa. Después de comer en las mesas distribuidas por las solicitadas sombras que ofrecen los pocos árboles del recinto, mientras unos pocos afortunados buscan cobijo en la fresca capilla y otros prosiguen la fiesta bajo los árboles, otros preferimos rellenar los bidones en la fuente y volver al asfalto.

Tomamos ahora hacia la izquierda (en dirección opuesta a Trigais) y, en Inguias, alcanzamos otro tramo de carretera conocida que en esta ocasión nos lleva en dirección sur hasta un cercano cruce que tomamos a la derecha y, después de un nuevo desvío a la derecha, nos deja en el también conocido Carvalhal, desde donde regresamos a Belmonte por la misma ruta por donde lo hicimos ayer.

Al completar la subida final (y después de refrescar el gaznate con una Superbock bien fría en compañía del resto de la representación española en el evento) nos topamos con una gran pancarta hinchable de la Federación Portuguesa de Ciclismo que ayer no estaba ahí. (Por cierto que, siguiendo con mis reseñas gastronómicas locales, el bar de comida rápida que se ve en la foto justo detrás y a la derecha de la pancarta es de lo menos recomendable que probé en Belmonte).

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Día 3:

El objetivo de las rutas de hoy no es ninguna de las aldeas históricas, sino un lugar igual o más interesante: el Parque Natural de la Sierra de la Estrella, un impresionante macizo montañoso que incluye dentro de sus límites el punto más alto de Portugal, la única estación de esquí del país, bellas cascadas y un espectacular valle glacial, entre otras muchas cosas que bien merecen una visita con más calma que las que nos permiten las rutas de hoy (personalmente, hice un viaje con alforjas por la zona hace un par de décadas y aún lo recuerdo con saudade).

Recorrido corto (34 km aprox.):

El recorrido de menor distancia de hoy ni siquiera llega técnicamente a pisar el territorio perteneciente al parque natural. Se baja de Belmonte en dirección al valle del Zêzere y, una vez cruzado el río, se asciende hasta Vale Formoso, donde se gira a la izquierda para tomar la carretera que va hacia Covilhã. Después de dejar atrás Aldeia do Souto y Orjais, y un poco antes de alcanzar Teixoso se toma a la izquierda en dirección a Caria. Antes de alcanzar esta localidad, sin embargo, se gira de nuevo a la izquierda para regresar a Belmonte.

Recorrido medio (52 km aprox.):

Salimos de Belmonte descendiendo al valle del Zêzere. Al llegar al fondo de este giramos a la izquierda, pasando junto al Hotel Belsol (su Restaurante Panorámico ofrece un buen lugar en el que comer un menú del día a un precio asequible, siendo muy recomendable su bacalhau à brás). Después de cruzar el río seguimos de frente emprendiendo una subida suave que dura aproximadamente un par de kilómetros y deja a la izquierda la localidad de Vale Formoso, por donde nos abandonan quienes hoy han elegido la opción corta. Descendemos después de nuevo hacia el valle cruzando el río por un puente doble (el de la propia carretera por la que vamos y el de la antigua) poco antes de alcanzar el pueblo de Valhelhas. Dejamos a la izquierda una plazuela dominada por el pelourinho local y una bonita fuente donde -mientras el que esto escribe sacaba fotos y pegaba la hebra primero con un habitante del lugar e, inmediatamente después, con otro cicloturista francés- vi llenar sus garrafas a varias personas. Al otro lado de la carretera queda la iglesia del pueblo, consagrada a Santa María la Mayor que, aunque originaria de la Edad Media, presenta actualmente un estilo barroco (al estar cerrada me limito a destacar, en su exterior, el campanario y la curiosa inscripción sobre la puerta). Sobre el río Zêzere se conserva también un antiguo puente.

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La carretera continúa remontando el cauce del Zêzere dejando algunas quintas a uno y otro lado hasta que alcanzamos el núcleo, algo mayor, de Vale de Amoreira donde, inmediatamente después del avituallamiento preparado por la organización, giramos a la izquierda (separándonos del recorrido largo) para cruzar el río y comenzar a ascender por la carretera que se enrosca por la ladera del monte que hemos de salvar para salir del valle de nuestro viejo compañero el Zêzere.

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Superada esta dificultad montañosa (no muy larga, pero endurecida por el calor del sol matutino por el hecho de estar en la ladera este del monte), tenemos un corto descenso para relajarnos antes del corto llaneo que nos lleva a la aldea de Verdelhos, donde una de las primeras cosas que vemos es un cartel que nos indica por dónde ir al Poço do Inferno (bella y recóndita cascada que bien merece una visita, a pesar de que desde Verdelhos aún nos quedaría una buena y dura tirada para llegar allí).

Después de reponer fuerzas en uno de los bares del pueblo con un café de cincuenta céntimos y lograr a duras penas rechazar la invitación del borracho local de tomarme unos vinos con él ¡antes de las diez de la mañana! (tengo la curiosa capacidad, allá donde voy, de atraer el interés de los borrachos autóctonos que inmediatamente quieren hacerse amigos míos), emprendemos una nueva subida que, en esta ocasión, es algo más larga y dura que las anteriores. Dado que esta carretera es una vieja conocida mía, me tomo la subida con calma disfrutando de las vistas y sacando fotos, sin dejar de pedalear, del valle que vamos dejando atrás. Después de una pronunciada curva, la pendiente se suaviza un poco y las vistas mejoran -en la medida en que podían hacerlo- para dejarnos vislumbrar a lo lejos la población de Sarzedo colgado en la ladera opuesta.

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Finalmente la carretera termina cediendo ante nuestras esforzadas piernas y la pendiente disminuye hasta transformarse en negativa justo cuando llegamos a la rotonda donde comienza la carretera que va a Sarzedo. Nosotros tomamos sin embargo a la derecha y nos lanzamos en un rápido (y en un par de curvas incluso peligroso) descenso que pasa de largo por Atalaia y nos lleva rápidamente a Gibaltar (así, sin r) desde donde ya vemos la cercana Covilhã. Pero no vamos a ir en esa dirección, sino que giramos a la izquierda poco después de pasar Gibaltar para, después de un kilómetro de ligera subida, unirnos a la carretera N18 por la que vemos ya venir algunos de los más rápidos participantes en la ruta larga de hoy.

Apenas unos metros después de unirnos a ella, abandonamos la N18 hacia la derecha (al igual que lo hacen los ciclistas del recorrido corto que vienen por esta carretera en sentido opuesto a nosotros) junto a una ermita consagrada a la Virgen del Carmen. Después del nuevo avituallamiento que encontramos en este lugar, emprendemos el descenso hacia el río Zêzere, que atravesamos por un bonito puente que bien puede pasar desapercibido, pues es difícil de ver sin abandonar la carretera.

Después de unos kilómetros de llaneo que van picando poco a poco hacia arriba, pasamos bajo la autovía y, de inmediato, por un paso a nivel que cruza una vía ferroviaria en obras. Pasada una rotonda, giramos después a la izquierda (estamos en el barrio de la estación de Caria, localidad que vemos a nuestra derecha con su deposito de agua y su iglesia destacando en lo alto) para dirigirnos en línea recta a Belmonte. Sin embargo, antes de cerrar el círculo de nuestra ruta de hoy, debemos fijarnos en que justo después de volver a pasar bajo la autovía dejamos a la izquierda una señal que nos indica unas ruinas romanas. Dejando nuestras bicis al inicio del sendero, debemos caminar unos metros siguiendo la valla de madera hasta alcanzar la Quinta da Fornea, restos de una extensa villa romana que, entre los siglos II y IV, se dedicó a la explotación agraria de este páramo.

Mucho habría que decir de estas ruinas pero la abundancia de carteles explicativos hace innecesario explayarse aquí en demasía. Huelga decir que no hay que pasar por alto las magníficas termas (los restos más destacables), ni las curiosas letrinas, ni la zona de almacenes ni, por supuesto, las demás ruinas entre las que no escasean las columnas.

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Visitadas las ruinas romanas solo nos queda ya recorrer los últimos kilómetros hasta Belmonte, a donde llegaremos ascendiendo la misma cuesta que en días anteriores.

Recorrido largo (77 km aprox.):

Después de separarse del recorrido de distancia intermedia tras el avituallamiento de Vale de Amoreira, esta ruta remonta el valle del Zêzere por Sameiro hasta llegar a Manteigas. Desde esta localidad continuamos siguiendo el cauce alto del río, esta vez por el fondo de un valle glacial de inigualable belleza con su característico perfil en U. El continuo ascenso que traemos no se detiene al final del valle pues, dejando a nuestra derecha el nacimiento del río, aún hemos de subir hasta los 1600 metros de altitud (como referencia, Manteigas -14 kilómetros más atrás- se encuentra en torno a los 700 metros de altura).

En el punto más alto del recorrido llegamos a un cruce. Si girásemos a la derecha, en pocos kilómetros llegaríamos al pico de Torre que, con sus 1993 metros de altitud (redondeados a dos mil mediante una torre artificial), es el punto más elevado del Portugal continental y donde encontraremos la única estación de esquí del país (con la peculiaridad de que está construida a la inversa que todas las demás estaciones que conozco, con las instalaciones de la estación en el punto más alto y los remontes destinados a regresar a ella después del descenso esquiando). Giramos sin embargo a la izquierda para pasar junto a la laguna de Viriato y llegar a los chalés de Penhas da Saúde, continuando con el vertiginoso descenso que nos lleva a Covilhã (por cierto, que en el restaurante del camping que dejamos atrás en una de las últimas curvas del descenso cené hace muchos años el mejor guiso de jabalí que recuerdo haber probado en mi vida).

Desde Covilhã -ciudad de importante tamaño que bien merece que la exploremos con calma- tomamos en dirección a Teixoso, donde nos unimos al resto de los recorridos del día para regresar a Belmonte.

Día 4:

El objetivo turístico del día de hoy es la aldea histórica de Linhares da Beira aunque, por desgracia, la distancia que separa esta localidad de Belmonte hace que solo los más esforzados cicloturistas que participan en la ruta larga consigan llegar hasta ella (recordemos que en Portugal la distancia no solo se mide en kilómetros, sino que también hay que fijarse en el desnivel acumulado que no suele ser baladí).

Quienes sí lleguen hasta dicho pueblo podrán disfrutar de los rincones que una aldea del siglo XII puede ofrecer al cicloturista curioso, destacando su majestuoso castillo -que domina el Valle del Mondego-, la iglesia de la Asunción -del siglo XII, renovada en el XVII, y con pinturas de Grão Vasco-, la Casa del Judio -con bellas ventanas manuelinas- entre otros muchos lugares de interés.

Recorrido corto (42 km aprox.):

Como ya hicimos ayer, salimos de Belmonte en descenso para cruzar el Zêzere y ascendemos después por Vale Formoso hasta pasar del distrito de Castelo Branco al de Guarda, descendiendo después hasta Valhelhas. Después de cruzar el río, pero justo antes de alcanzar esta localidad encontramos un desvío a la derecha por el que hoy nos vamos a adentrar en un nuevo valle (los que participan en el recorrido largo hacia Linhares da Beira continúan aquí de frente). Valhelhas queda a nuestra izquierda y la carretera comienza un continuo pero muy tendido ascenso que terminará llevándonos hasta cerca de los mil metros de altitud.

Sin prisa, pero sin pausa, la carretera sube por la ladera cubierta de robles y salpicada de olivos y algún que otro pino. A estas horas de la mañana pedaleamos en la sombra casi continua y no tenemos que preocuparnos por el calor -ni por el hecho de que la única fuente que vemos por el camino esté seca-, por lo que podemos centrarnos en disfrutar del valle que queda a nuestra izquierda, donde queda primero el diminuto caserío de Carapita y en cuyo fondo vemos después la aldea de Famalicão.

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Llegamos así a un pequeño puerto de montaña que separa los valles y desde donde sale una carretera a la izquierda por donde se separan de nosotros los participantes en el recorrido intermedio de hoy y dejándonos a cambio la compañía de los valientes que vienen de Linhares da Beira por el recorrido largo. Tamaña confluencia de ciclistas implica que este punto haya sido elegido por la organización para instalar un avituallamiento. Una vez repuestas las fuerzas continuamos la ruta aprovechando que la carretera nos da un descanso y es ahora llana, lo que nos permite disfrutar de las magníficas vistas que, a nuestra izquierda, se abren hacia el nuevo valle centrado a lo lejos en el embalse del Caldeirão. La vegetación también ha cambiado -siendo ahora más abundante en castaños-, pero poco a poco se va haciendo más escasa hasta que nos vemos pedaleando por un descampado expuesto al viento y donde la pendiente del asfalto vuelve a ser positiva (aunque el paraje sigue teniendo una innegable belleza).

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Llegamos así a un cruce donde nos desviamos bruscamente en dirección -según los indicadores- a Seixo Amarelo y Gonçalo. Pasamos así a la ladera opuesta a la que estábamos siguiendo hasta ahora para ascender y ya vemos ante nosotros los aerogeneradores de la cima, lo que indica que ya solo nos queda un último repecho para completar toda la subida del día de hoy.

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Cuando por fin llegamos al punto más alto de la ruta, la carretera nos premia con unos kilómetros de puro disfrute, con un descenso no muy pronunciado, de los de ir pedaleando, con amplias curvas de perfecta visibilidad en las que podemos sin miedo utilizar todo el ancho de la carretera para el descenso (¡por supuesto, comprobando que no vienen coches!). Las vistas son también magníficas, aunque los restos de troncos quemados nos indican que las olas de incendios estivales que suelen azotar Portugal han pasado también por el valle que queda a nuestra izquierda.

Poco a poco el descenso se hace más pronunciado, al igual que lo hacen las curvas, por lo que debemos tomar ya más precauciones. Pronto llegamos a Seixo Amarelo, donde el asfalto deja paso al tradicional adoquinado urbano portugués para lamento de nuestro cuerpo. El grueso del casco urbano queda a nuestra izquierda, a bastante menor altura que la carretera, por lo que nos limitamos a pasar de largo y continuar el vertiginoso descenso hasta el siguiente pueblo, que no es otro que Gonçalo. Una vez más el asfalto deja paso al adoquín y nuestros doloridos brazos nos reclaman una pausa, por lo que aprovechamos la terraza del bar que queda a nuestra derecha para tomar un café antes de abandonar el pueblo, ahora sí, otra vez por asfalto (debemos tomar la carretera que sale en línea recta frente al bar).

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Superada la larga recta descendente que pondrá a prueba nuestros frenos (por las bandas reductoras de velocidad, más que por otra cosa) cruzamos el río para regresar al distrito de Castelo Branco, donde giramos a la derecha para llanear siguiendo el valle hasta llegar a un punto conocido: el cruce que en pocos metros lleva a la torre de Centum Cellas. En esta ocasión seguimos de frente para alcanzar una gasolinera (con un restaurante muy aconsejable donde puede degustarse, por un precio ridículo, un completo menú del día sin pretensiones pero que cumple el objetivo de alimentar nuestros cuerpos) desde donde para completar el recorrido solo nos queda subir hasta el centro de Belmonte por donde salimos de él por la mañana.

Recorrido medio (66 km aprox.):

El recorrido medio del día coincide con el corto ya descrito hasta el punto de avituallamiento. Después se desvía a la izquierda en busca de las localidades de Fernão Joanes y Meios para descender después, por Corujeira, hasta el barragem del Caldeirão.  Cruzado el embalse toca subir por Maçainhas de Baixo hasta rozar el casco urbano de Guarda (por carreteras muy transitadas que me hicieron no seleccionar este recorrido). Rodeando la ciudad -otra interesante visita turística, por cierto-, la ruta alcanza Póvoa de São Domingos, desde donde regresa a Belmonte por una carretera que describiré en las rutas del día 7, pues coincide con ellas (otro de los motivos por los que no realicé este recorrido).

Recorrido largo (114 km aprox.):

El único recorrido que alcanzaba la aldea histórica de Linhares da Beira coincidía en su inicio con la ruta larga del día anterior, es decir, remontaba el cauce del Zêzere desde Belmonte, por Valhelhas (donde se separaba de los otros recorridos del día), hasta Manteigas. Tomando desde aquí en dirección contraria al día anterior, se adentraba hacia el norte en la Sierra de la Estrella, pasando por Folgosinho, Freixo da Serra y Figueiró da Serra antes de alcanzar el destino de Linhares da Beira. Después de visitar esta aldea histórica, se tomaba hacia el este en dirección a Prados y después hacia el sur, pasando por Videmonte hasta Trinta. Poco después, la ruta se encontraba con el recorrido intermedio, marchando en sentido opuesto a este hasta encontrarse con la ruta corta, cuyo trazado seguía después hasta la meta de Belmonte.

Día 5:

El objetivo turístico de los recorridos del quinto día era la aldea histórica de Monsanto. El «pueblo más portugués de Portugal» (como reza el título que le fue concedido en 1938) está construido sobre un impresionante macizo rocoso que domina toda la región y donde se instalaron los templarios. Cabe destacar, como no, su castillo y la iglesia matriz de San Salvador -siglo XV, con fachada del XVIII-, pero también la torre y la capilla de San Miguel -restos del asentamiento primitivo-. Una vez más, solo el recorrido más largo llegará a este pueblo, bastante distante de Belmonte.

Recorrido corto (52 km aprox.):

Después de salir de Belmonte en dirección sur, por donde regresamos el tercer día, los recorridos de hoy cruzan la cercana Caria y continúan primero en ascenso y después descendiendo hasta Capinha. Aquí tomamos, en un cruce, hacia la izquierda para que poco después el recorrido corto se separe de los demás girando de nuevo a la izquierda en dirección a Quintás. Pasada esta localidad, girando una vez más a la izquierda, los recorridos vuelven a unirse para enfrentarse a un breve pero duro ascenso y regresar después a Belmonte, localidad a la que entraremos por su lado este después de haberla rodeado por carreterillas muy tranquilas, alguna de las cuales recordamos de días anteriores.

Recorrido medio (82 km aprox.):

Salimos de Belmonte en dirección sur, descendiendo la cuesta que tan bien conocemos por haberla subido en jornadas anteriores. Giramos a la derecha y tomamos la carretera por la que regresamos en nuestra ruta del día 3, dejando en esta ocasión las ruinas de la Quinta da Fórnea a nuestra derecha. Llegados a la zona de la estación de Caria encontramos un cruce donde giramos a la izquierda para cruzar el río por un puente con el paso regulado por un semáforo y emprender inmediatamente después el ascenso al casco urbano de Caria (hay una fuente a nuestra derecha, nada más entrar en el pueblo).

Aunque no tuve ocasión de visitar ninguno de ellos, en Caria existen varios puntos de interés, entre los que destaca la Casa da Roda del siglo XVIII (especie de hospicio con una roda o torno donde se abandonaban los niños que no se podía o deseaba mantener), la Casa da Torre (edificio del siglo XIV reformado en el XVIII que actualmente alberga un museo arqueológico comarcal), la Casa Etnográfica (museo de profesiones antiguas), etc.

Después de un breve descenso, la carretera vuelve a ponerse cuesta arriba (a la izquierda queda una capilla dedicada a San Antonio), el asfalto está en tan mal estado que hasta hay señales advirtiéndolo, y hay un denso tráfico de camiones que siempre parecen tener prisa (o al menos no tener tiempo que perder en adelantar correctamente a los ciclistas). Lo mejor por tanto es tomárnoslo con calma y centrarnos en rechazar las tentaciones como la que dejamos a la derecha, donde un cartel nos indica que en la cercana localidad de Peraboa hay un museo dedicado al queso.

Completada la subida, en la que hemos empezado ya a ver las primeras explotaciones de árboles frutales que marcarán nuestro recorrido de hoy, un rápido descenso (por suerte con el asfalto en mucho mejor estado) nos deja en la localidad de Capinha, donde giramos a la izquierda para cruzar un pequeño riachuelo y subir un corto repecho. Después del consiguiente descenso y de dejar a la izquierda el cruce por el que nos abandona el recorrido corto de hoy (y de mañana) llaneamos por una carretera bordeada por abundantes árboles frutales y las fincas dedicadas a la explotación de los mismos. Entre las construcciones de esas fincas vemos algunos edificios antiguos cuya belleza no los ha librado del abandono.

Después de dejar a la izquierda una ermita consagrada a la virgen que responde al curioso nombre de Nuestra Señora del Incienso y a la derecha el puesto de avituallamiento con el que la organización nos ayuda a reponer fuerzas (terminaré haciéndome adicto al sucedáneo de zumo de naranja que sabe a cualquier cosa menos a naranja) llegamos a un cruce bastante importante donde el recorrido largo de hoy se va a la derecha en busca de Monsanto. De frente, la carretera se ensancha significativamente para convertirse en la circunvalación de Penamacor, localidad que vemos ya encaramada sobre el monte que se levanta a nuestra izquierda.

Y ese es nuestro destino, girar a la izquierda (por la carretera que parece ir a la cercana gasolinera) para subir hasta el casco urbano de Penamacor. Como este pueblo no pertenece a las Aldeas Históricas, la ruta marcada solo rodea la zona más antigua, pero no debemos desperdiciar la ocasión de perdernos en sus calles para visitar, aunque solo sea, su castillo.

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Después de tomar un delicioso café portugués (por 60 céntimos merece la pena doparse) bajamos por una calle empedrada que desciende casi en vertical y, después de varios cruces, nos despedimos de Penamacor y comenzamos a rodar, hacia nuestra izquierda, por la circunvalación (por donde vienen los participantes del recorrido largo), ahora convertida en la carretera N233, que parece imponente para un humilde ciclista pero que, por suerte, no tiene demasiado tráfico.

Aunque en principio esta carretera parece llevarnos en línea recta (en suave subida) a la cercana Sierra de Malcata, después de un cruce comienza a desviarse hacia la izquierda dejando a un lado esta reserva natural. Ahora pedaleamos por un falso llano que no deja de picar hacia abajo hasta llegar a Meimoa, donde abandonamos la carretera por la que veníamos tomando la que surge a nuestra izquierda. Justo en el cruce tengo que apartarme para dejar paso a un camión de bomberos con la sirena a tope que no augura nada bueno.

Pero ya tendremos tiempo de preocuparnos por la plaga incendiaria que cada verano azota Portugal. Ahora debemos fijarnos en el bonito puente que tenemos ante nosotros que, aunque anunciado en los carteles como romano, en realidad data del periodo comprendido entre los siglos XIV y XVI. Después de cruzar el río dejamos a la izquierda una bonita zona recreativa con barcas a pedales y un bar con terraza cubierta.

 

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Seguimos ahora pedaleando por la carreterita que llanea, con algún que otro repecho suave, rodeada de jara, pinos y campos de olivos hasta Benquerença. Por desgracia en este tramo lo que más llama mi atención no es el paisaje sino la columna de humo que ya empieza a verse a lo lejos, en las primeras estribaciones de las montañas que quedan a nuestra derecha (como comprobaría más tarde, el incendio no fue a más y fue controlado sin problema, pero a pocos días de comenzado el verano es preocupante el número de conatos de incendio que hay ya).

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Llegamos así a Escarigo que, junto a Quintas y Salgueiro, forma la agrupación conocida como Três Povos y donde nos unimos de nuevo al recorrido corto. Pasado el casco urbano y un nuevo punto de avituallamiento, una subida corta pero intensa nos pone en nuestro sitio y comprueba las fuerzas que nos quedan antes de emprender el tramo final a Belmonte. Después del descenso, y cuando la carretera por la que vamos está cerca ya de regresar a Caria, nos desviamos a la derecha por un tranquilo camino asfaltado (aunque con bancos de arena en algunos puntos) por el que da gusto pedalear entre viñedos y quintas dedicadas ahora a la producción de vino.

Llegamos a una carretera algo más amplia por la que giramos a la derecha e inmediatamente después a la izquierda para llegar a nuestro ya conocido Carvalhal (aprovecho aquí para detenerme a tomar una cerveza en la terraza de un bar donde, bajo el lema de «há caracóis», nos invitan a degustar una de las exquisiteces de la cocina local). Pasado este pueblo nos unimos a la carretera que viene de Inguias para ir a la estación de Belmonte pero hoy, en vez de subir por donde ya nos es habitual y por donde bajamos esta misma mañana, nos desviamos aquí a la derecha por donde las flechas amarillas nos indican que transcurre el Camino de Santiago para rodear Belmonte, al que entraremos finalmente por su lado noreste.

Recorrido largo (126 km aprox.):

El recorrido más largo del día coincide casi en su totalidad con la distancia intermedia previamente descrita, si bien en la entrada a Penamacor se desvía hacia el suroeste para ir a Pedrógão de São Pedro, donde gira hacia el este en busca de las cercanas Bemposta y Medelim y subir finalmente a Monsanto. Una vez visitada esta aldea histórica, la ruta regresa a Penamacor para unirse de nuevo al recorrido medio después de haber pasado por Salvador y Aranhas.

Día 6:

Toca hoy visitar Castelo Mendo aunque, como es habitual, solo los que se atrevan con la distancia más larga de hoy llegarán a visitar esta aldea histórica. Quienes así lo hagan podrán ver, para variar, los restos de un castillo de principios del siglo XIII (se ve que Sancho I no escatimó en gastos en esta región y protagonizó la primera burbuja inmobiliaria de la historia), un pelourinho del siglo XVI, una fuente del XV integrada en el antiguo ayuntamiento o un lagar que data nada menos que de los siglos VII-VIII (parece que a los portugueses medievales ya les iba lo de empinar el codo).

No tuve yo la suerte de poder visitar ninguno de estos puntos ni ningún lugar cercano a ellos, pues una avería mecánica al poco de salir de Belmonte me hizo perder un buen tiempo. Una vez solucionado (al menos en su mayor parte) el problema, preferí no arriesgarme con ninguno de los recorridos más largos y me limité a seguir la ruta más corta y aprovechar el día para relajarme y disfrutar de la bici.

Recorrido corto (52 km aprox.):

No hay mucho que describir aquí, pues el recorrido corto de hoy coincidía en su totalidad con su equivalente del día anterior: una vez pasado el casco urbano de Capinha (donde, basándome en el día de relax que me había planteado, me detuve a tomar un café), y siguiendo el recorrido medio descrito ayer, nos desviamos después a la izquierda para pedalear por una tranquila carreterilla rodeada de quintas, árboles frutales y olivos que nos lleva al conjunto de los Três Povos (donde me tomé con mucha calma el único avituallamiento del día). Después solo queda regresar a Belmonte por el mismo sitio por el que lo hicimos ayer.

Recorrido medio (81 km aprox.):

En el cruce que encontramos en Capinha nos desviamos, al contrario que hicimos ayer o el recorrido corto de hoy, hacia la derecha para atravesar el casco urbano. Después pedaleamos dejando a la derecha Pero Viseu y cruzando Valverde antes de girar a la izquierda en las cercanías de Donas para dirigirnos a Chãos y Alcaide, después de los cuales giramos de nuevo a la izquierda para regresar a las proximidades de Capinha, donde nos unimos de nuevo al recorrido corto.

Recorrido largo (109 km aprox.):

Seguimos el recorrido medio pero, en las proximidades de Donas, cuando aquel gira a la izquierda, nosotros seguimos de frente para ir, por Alpedrinha, hasta Castelo Novo. Después solo nos queda regresar por donde hemos venido para unirnos otra vez al recorrido medio cuando este gira a su izquierda después de haber pasado la localidad de Alcaide.

Día 7:

Es el último día de la Semana Europea de Cicloturismo y aún no hemos visitado la aldea histórica de Castelo Mendo, así que es hora de que lo hagamos o, al menos, lo hagan los más valientes, pues el recorrido largo de hoy -único que llega hasta allí- no es moco de pavo.

Quienes lo hagan (y sobrevivan) podrán contar que visitaron una bonita aldea medieval en la que nuestro viejo amigo Sancho I ordenó en el siglo XII construir una muralla sobre los restos romanos anteriores que, a su vez, se levantaban sobre el primitivo castro vetón. El castillo fue ampliado en el siglo XIII. Aunque los daños causados por el famoso terremoto de 1755 fueron considerables, la muralla aún conserva varias de sus puertas, destacando las Puertas de la Villa, originarias de entre los siglos IV y I a.C. La visita no puede darse por completada sin echar un vistazo al pelourinho del siglo XVI, al edificio de estilo manierista del antiguo ayuntamiento (s. XVI-XVII) o a la iglesia de San Vicente o de la Misericordia (gótica, pero reformada en estilo manierista entre los siglos XVI y XVII) entre otros puntos de interés.

Recorrido corto (54 km aprox.):

El recorrido más básico del día de hoy nos saca de Belmonte por las mismas carreterillas por las que salimos el primer día (el recorrido previsto era exactamente el mismo, pero a la hora de señalizar el recorrido la organización introdujo algunos ligeros cambios). Pasado Trigais, cuando el primer día giramos a la derecha para enfrentarnos a la subida a Sortelha, seguimos hoy hacia el norte en dirección a la cercana localidad de Bendada. Aquí la carretera empieza a remontar un bonito valle adhiriéndose a su ladera este en una subida larga y en ocasiones dura plagada de toboganes que, en función de nuestros gustos, la hacen más llevadera o (desde mi punto de vista personal) aumentan considerablemente nuestro sufrimiento. Dejamos a ambos lados numerosas quintas (o las carreteras que llevan a ellas) hasta que un último repecho nos conduce a lo que parece la cima. Después de un brevísimo descenso y de circular un rato por un coqueto valle donde dejamos una pequeña explotación ganadera a la derecha, subimos otro repecho para adentrarnos entre las casas de A-de-Moura.

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Giramos a la izquierda y nos lanzamos a tumba abierta por una carretera con mucha inclinación que antes de que nos demos cuenta nos lleva a João Antão donde un giro de noventa grados nos muestra que la carreterita de marras guardaba un as en la manga en forma del repecho que nos lleva a Benavente (el de Zamora no, otro). Pasada esta pequeña aldea, ahora sí, coronamos el punto más alto de la ruta a más de novecientos metros sobre el nivel del mar y empezamos un suave descenso que continúa llevándonos en dirección norte, donde ya vemos en lontananza la ciudad de Guarda. Mientras el grueso de los ciclistas continúan la ruta, yo salgo de la carretera principal tratando de ganar altura con intención de tomar alguna foto panorámica decente. Aunque no lo consigo, la parada me sirve para entablar animada conversación con una señora brasileña que habita en uno de los chalés de la zona.

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Volviendo a la carretera, pasamos sobre la autovía (que en este punto se adentra en un corto túnel). La N233 por la que vamos se cruza aquí con la M548, por donde cambiamos bruscamente de dirección, tomando ahora hacia el sur en imparable descenso, no sin antes reponer fuerzas en el último avituallamiento de la semana.

Ya en pleno descenso por impecable asfalto (la ruta coincide a partir de aquí con lo que fue el regreso a Belmonte del recorrido medio del día 4), cruzamos ahora bajo la autovía y nos situamos a media ladera de un valle paralelo a aquel por el que subimos hace unos minutos. Cruzamos fugazmente Aldeia Ruiva y no tan fugazmente Ramela pues, justo en la entrada de esta diminuta localidad, el asfalto se transforma en pavé y el descenso en vertical ascenso, lo que nos hace acordarnos de la familia del ingeniero que trabajó en estas tierras. Pero no fue tan mala gente como parece pues, como premio, al final del repecho encontramos una bonita fuente decorada con azulejos.

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El adoquín vuelve a dar paso al asfalto y cruzamos Aldeia Nova, a la salida de cuyo casco urbano encontramos una sencilla pero bonita iglesia, desde donde la bajada vuelve a ser pronunciada para llevarnos al fondo del valle.

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Después de cruzar el río, llaneamos por su orilla (cambiando de lado varias veces) y atravesamos Benespera, que no pasa desapercibida gracias al llamativo cartel con su nombre que encontramos a la salida del pueblo, delante de un parquecillo con bancos presidido por una fuente. Cruzamos de nuevo bajo la autovía y circulamos unos metros casi bajo ella antes de enfrentarnos a otra buena cuesta, coronada la cual ya todo será descenso hasta Maçainhas, localidad que reconoceremos al ver el tranvía que ya analizamos el día 2. Por la misma carretera por la que llegamos aquel día vamos hoy en dirección a Belmonte. Después de cruzar sobre la autovía seguimos siempre de frente hasta las inmediaciones del casco urbano de Belmonte, desde donde ya solo nos queda subir hasta el castillo para dar por finalizada nuestra participación en la XV Semana Europea de Ciloturismo de la UECT.

Recorrido medio (71 km aprox.):

Alargando un poco el recorrido corto, la ruta intermedia de hoy sale compartiendo recorrido con las rutas de la primera jornada justo hasta el pie de la subida a Sortelha, donde hoy se gira a la izquierda en dirección a Água da Figueira y, pasada esta, a Pena Lobo. Se gira después a la izquierda, en Pousafoles do Bispo, por una carretera que va enlazando un continuo de pequeñas localidades: Monte Novo, Lameiras, Lameiras de Baixo, Aldeia de Santa Madalena, Catraia, Adão, Monte Carreto y Vila Fernando. En esta última localidad giramos hacia el oeste para pedalear en dirección a Guarda por Vila Garcia y Quintãzinha do Mouratão, por las que pasaremos antes de unirnos al recorrido corto en el avituallamiento de Póvoa de São Domingos.

Recorrido largo (117 km aprox.):

El recorrido largo de hoy es un magnífico broche a toda una semana de cicloturismo pues, a la considerable distancia, se suma un exagerado desnivel. Yendo con el recorrido medio hasta Pousafoles do Bispo, seguimos ahora de frente en dirección noreste, casi en línea recta a Castelo Mendo. Pasaremos por pueblecillos como Carvalhal Meão, Monte Margarida, Cerdeira, Parada o Ade antes de llegar a la última de las aldeas históricas que visitaremos. Desde Castelo Mendo regresamos en paralelo a la autovía que va de España a Guarda, por Alto de Leomil hasta Pinzio, donde giramos a la izquierda para ir, por Castanheira, Pousade, Pombal y Albardo, hasta Vila Fernando, donde nos unimos al recorrido intermedio y más tarde al corto para regresar a Belmonte.

 

Las rutas de la séptima y última jornada han sido duras pero, por suerte, somos unos curtidos cicloturistas y hemos regresado a una hora razonable. Tenemos tiempo para darnos una buena ducha y descansar un rato antes de encaminarnos una última vez al largo do castelo (la explanada entre el castillo y la iglesia de Santiago) donde, a las seis y media de la tarde, tiene lugar la ceremonia de clausura. Discursos y agradecimientos varios -en versión trilingüe un poco caótica (salvo que, como en mi caso, se entiendan medianamente bien el inglés, francés y portugués)- por parte de representantes de la UECT, la FFCT, la Federación Portuguesa y las Aldeias Históricas, así como una interminable perorata del Alcalde de Belmonte, ponen fin a una semana intensa. La anécdota la pone el representante de la Federación Francesa quien, en respuesta a la mención del presidente de la Federación Portuguesa al desconocido hecho de que Portugal no tiene solo playas, respondió: «efectivamente, también tiene cuestas… ¡muchas cuestas por todos lados!». En mente nos queda una idea: la invitación a volver a descubrir estas tierras con más calma. Quien esto escribe tiene intención de hacerlo pues, a pesar de haber estado pedaleando por esta región en cuatro o cinco ocasiones, ¡aún me quedan muchas Aldeas Históricas por descubrir!

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