Provincia: Skåne (Suecia)
Distancia: 11 km (aprox.)
Mapa:

Track: Descargar Malmo.gpx
Descripción:
Cuando llego a una ciudad de la que apenas sé nada con la intención de pasar tan solo unas horas recorriéndola en bici, suele ser difícil diseñar una ruta que me permita visitar sus principales atractivos turísticos en un tiempo razonable. El boom de los paseos turísticos organizados en bicicleta podría ser de gran ayuda, pero no me siento cómodo pedaleando en el seno de un grupo de desconocidos -que generalmente suelen ser bastante patosos por no estar habituados a montar en bici y mucho menos en un entorno urbano nada familiar- al dictado de los caprichos y el ritmo de un guía que suelta su monólogo de carrerilla y cuyo mayor cometido es no dejar que ninguna oveja se despiste y abandone el rebaño (lo que yo tiendo a hacer en cuanto cualquier detalle curioso atrae mi atención)… por no hablar de los precios prohibitivos que suelen caracterizar a tales paseos organizados por empresas privadas.
Por todos los motivos indicados en el párrafo anterior, mientras planeaba una visita relámpago a la localidad sueca de Malmö tuve una agradable sorpresa al ver que una de esas empresas publicaba abiertamente en su web el recorrido de su paseo turístico. Quizás no sea del todo correcto «plagiar» la ruta sin pagar por el paseo, pero el refranero español dice que donde fueres, haz lo que vieres, de lo que se desprende que en Suecia debería comportarme como si fuese sueco y, buscando dicho término en el diccionario de la RAE, encontré que hacerse alguien el sueco significa «desentenderse de algo, fingir que no se entiende». Por tanto, hoy vamos a hacernos los suecos y, disimulando, seguir por nuestra cuenta una ruta por la que no hemos pagado.
Salvo que llevemos nuestra bici puesta desde casa, existe sin embargo algo por lo que sí deberemos pagar. Las opciones para alquilar un vehículo de dos ruedas en Malmö son diversas, desde la tiendas de bicicletas hasta el servicio de bicis públicas (que no probé, pero que tiene bastante buena pinta y cuya tarifa básica cubre 24 horas de uso por apenas 80 coronas suecas o, dicho de otra forma, un día de bici por ocho euros). En mi caso, dado que llegué a la ciudad en tren, me bastó con cruzar la calle para llegar a Travelshop, una tienda de servicios turísticos que también funciona como oficina de turismo privada (curiosamente no hay oficinas de turismo públicas en Malmö), donde alquilé una bonita bici urbana de siete velocidades para siete horas por 120 coronas.
La tercera ciudad de Suecia (sigo hablando de Malmö) está construida sobre una planicie absoluta, por lo que las siete velocidades de la bicicleta solo son un adorno salvo que nos planteemos salir del refugio que ofrecen los edificios para enfrentarnos al terrible viento que suele azotar la región, pero sí merece la pena señalar -al menos para quien no haya pedaleado nunca por el norte de Europa- que las bicis urbanas en Suecia solo tienen una maneta para el freno delantero, mientras que el trasero se acciona pedaleando hacia atrás. La sensación es extraña pero es fácil acostumbrarse a su uso (aunque, después de haber probado ambos, yo sigo siendo partidario del freno manual de toda la vida).
Pero comencemos ya nuestra ruta. Si, como es habitual, hemos llegado a Malmö en tren y suponiendo que no hayamos tenido que alejarnos mucho para encontrar una montura, lo más lógico es arrancar desde donde nos encontramos: la Estación Central de tren, muy bien comunicada no solo con las principales ciudades suecas, sino también con la vecina Dinamarca y con el cercano aeropuerto de Copenhague.
Saliendo de la estación por cualquiera de sus puertas, la rodeamos en sentido antihorario hasta encontrar la calle paralela al canal donde se encuentran varias paradas de autobuses. Tomamos después a la derecha para cruzar por un bonito puente de piedra (Petribron) y continuamos recto (por Bruksgatan y Göran Olsgatan) hasta encontrar a nuestra izquierda una llamativa iglesia sobre la que no tardaré en escribir, pero antes debemos girar aquí en dirección contraria, a nuestra derecha, para acercarnos hasta la plaza del ayuntamiento o Stortorget, que alcanzamos en apenas unos pocos metros.

Lo primero que llama la atención al alcanzar la explanada es la estatua ecuestre que tenemos ante nosotros, en el centro de la plaza (un tanto escondida detrás de una fuente desde nuestra posición). El orondo señor que nos contempla desde la grupa del caballo es el mismísimo Karl X Gustav, quien reinó en Suecia allá por el siglo XVII, aunque la estatua creada por John Börjeson fue colocada aquí más de dos siglos después. Pero lo más interesante de la plaza lo descubriremos al darnos la vuelta, pues a nuestra espalda hemos dejado el precioso edificio del ayuntamiento, que data del siglo XVI (al igual que la plaza, ocupando ambos el espacio de un antiguo monasterio) aunque la fachada que vemos actualmente no es la original, sino una interpretación libre realizada en el siglo XIX por Helgo Zettervall en estilo renacentista holandés.



Salimos ya de la plaza por la misma calle por la que vinimos, cuyo nombre (Kyrkogatan) ya nos indica que nos vamos a topar de bruces con la iglesia de San Pedro por la que ya pasamos antes. La impresionante verticalidad de su estructura (aspecto exagerado por la estrechez de la calle por la que venimos), que alcanza el centenar de metros en la torre, nos lleva a sospechar que el estilo constructivo es el gótico. Así es: del siglo XIV, para ser precisos. La iglesia fue un importante centro espiritual durante los locos años de la Reforma. De su interior, además de los frescos de los siglos XV y XVI, es de destacar el retablo del altar mayor, originario del siglo XVII. De la decoración original de la iglesia prácticamente nada sobrevivió al ataque iconoclasta del reformista Claus Mortensen en 1529.


Dejando la iglesia de San Pedro a nuestra izquierda pedaleamos por Själbodgatan y cruzamos una calle perpendicular para seguir recto por Rundelsgatan, donde en pocos metros giramos bruscamente a la izquierda para visitar una nueva iglesia, aunque ya no funcione como tal. Se trata de Caroli kyrka, un edificio de planta centralizada, tejado metálico y puntiagudas torres construido en el siglo XIX por el mismo arquitecto -Emil Viktor Langlet- que diseñó la cercana iglesia de San Pablo (por la que pasamos en otra excursión), ambas de aspecto muy similar salvo por el color de los ladrillos.


Pasada la iglesia de Caroli giramos a la derecha por Östergatan y de nuevo a la derecha, en dirección sur por Humlegatan, pasando junto a una antiguas casas de aspecto bávaro. Un nuevo giro a la derecha nos lleva a embocar Baltzarsgatan por donde pedaleamos recto hasta la segunda calle que se cruza en nuestro camino: Kalendegatan.

Giramos aquí a la izquierda y continuamos después recto durante un buen trecho, lo que nos lleva a cruzar un nuevo canal (en realidad el mismo que ya cruzamos antes, que rodea todo el centro de la ciudad). Más adelante dejamos a la izquierda la avenida ajardinada de nombre Kungsgatan, donde nace un carril-bici que nos lleva a la cercana localidad de Lund). Empecinados en nuestro pedalear, continuamos sin desviarnos y pasamos bajo el viaducto que soporta una avenida de dos carriles. Finalmente abandonamos nuestra rectitud girando a la izquierda al llegar a Spångatan.


Seguimos Spångatan hasta que una amplia avenida de nombre Amiralsgatan se cruza en nuestro camino y la tomamos a la derecha durante apenas un par de metros antes de volver a girar a la derecha por la inmediata Norra Parkgatan. Estamos ahora pasando ante Folkets Park (algo así como «Parque del Pueblo»), un bonito parque creado a principios del siglo XIX como jardín de descanso privado por el empresario Frans Suell (quien, por cierto, está enterrado en la ya visitada Caroli kyrka). El inmenso jardín pasó a ser de dominio público en 1891 y se convirtió en un lugar habitual de reunión de los trabajadores, quienes llegaron a utilizarlo para manifestarse durante una gran huelga en 1909. Posteriormente se construyeron en el parque diversas atracciones como carruseles e incluso un terrario para reptiles.

Al final de la valla que delimita el parque encontramos una rotonda que debemos cruzar para seguir recto un par de manzanas más antes de girar a la derecha por Ystadsgatan. Llegamos así a Möllevångstorget, una plaza donde -si el tiempo lo permite- encontraremos un mercadillo al aire libre rodeando la escultura de Axel Ebbe que domina la explanada.
Cruzamos la avenida y continuamos recto por una calle que se llama ahora Smedjegatan hasta que llegamos a… pero… ¿quién coño ha aparcado una nave espacial en medio de la calle? Podemos parpadear lo que queramos, pero el espejismo no se va a ir porque realmente está ahí. A la izquierda del carril-bici por el que venimos, semienterrada en el suelo de Malmö nos encontramos una inmensa nave espacial construida con materiales que se asemejan al metal y al vidrio y cuyas puertas abiertas no para de vomitar seres de aspecto humanoide. La explicación es sencilla: se trata de uno de los accesos a la estación ferroviaria subterránea de Triangeln, cuyo diseño hizo ganar a KHR Architects y Swecoy el prestigioso premio de arquitectura Kasper Salin en 2011. Si el asombro nos lo permite no debemos dejar de mirar también a nuestra derecha para alucinar (que no alunizar) con el impresionante aparcamiento de bicicletas que ocupa la mayor parte de la plaza y que cuenta hasta con talleres de reparación.


Poco más adelante giramos a la derecha por Rådmansgatan (debemos cruzar la calle para circular por el carril-bici del lado izquierdo) y llegar hasta otra plaza donde tendremos un déjà vu: otra explanada con otro gran aparcamiento para bicicletas junto a otra extraña estructura de vidrio y metal. Se trata de la otra entrada a la estación ferroviaria de Triangeln, que en este caso tiene forma de cúpula semiesférica. A diferencia de antes, esta vez lo más interesante de la plaza tiene más años y no es otra cosa que la iglesia de San Juan (ya teníamos a San Pedro y a San Pablo, ¿nadie había echado en falta al Bautista?), un edificio de ladrillo de la primera década del siglo XX con un peculiar estilo Art Nouveau firmado por el arquitecto sueco Axel Anderberg.

Pasada la entrada a la estación giramos a la izquierda por S:t Johannesgatan y al poco alcanzamos una avenida más amplia que tomamos a la derecha (una vez más debemos cruzar la calle para seguir el carril-bici que va por el otro lado). A la derecha dejamos el Magistratsparken y a la izquierda el edificio de la Ópera de Malmö. Seguimos la avenida pedaleando por su margen izquierda y pasamos de largo dos bibliotecas en sendos edificios a cual más impresionante antes de cruzar de nuevo el canal en una zona mucho más verde que por donde lo cruzamos las dos veces anteriores.



Después de cruzar el canal dejamos a la izquierda lo que parece la entrada a una finca privada con un edificio al fondo. Nos colamos por ella para ver de cerca el Casino Cosmopol -inaugurado en 2001- antes de desviarnos por uno de los caminos de tierra que salen a la derecha y se adentran en el Kungsparken (Parque del Rey, en referencia al monarca sueco de la transición del siglo XIX al XX, Oscar II), el parque más antiguo de Malmö que, siguiendo cierto estilo inglés, ocupa las tierras despejadas que rodeaban el castillo de Malmöhus. En la parte trasera del casino, lo primero que vemos es una fuente de hierro fundido instalada en 1882. Merece la pena perderse un rato por los senderos del parque y descubrir por nosotros mismos las sorpresas que oculta (lo que incluye hasta un molino de viento).




Volviendo a la avenida por la que veníamos y girando después a la izquierda (o atajando por los senderos del parque rodeando el foso exterior del fuerte) encontramos Slottsbron: el puente que nos permite acceder a la primera de las zonas fortificadas (en forma de estrella y acotada por dos canales, uno exterior y otro interior) del castillo. Al otro lado del canal interior vemos ya más de cerca el edificio renacentista del castillo de Malmöhus (ordenado construir por Fredrik I en el siglo XVI, aunque ya había previamente en este lugar fortificaciones medievales). Aunque, como ya vimos al pasar por allí, el foso exterior tiene la misma forma estrellada que la fortificación a la que rodea, el recinto interior (también protegido por su correspondiente foso) es rectangular con cuatro torreones de planta redonda en las esquinas.

Seguimos de frente dejando a nuestra izquierda el puente de acceso a la entrada del castillo y, tras cruzar una vez más el canal, alcanzamos una rotonda donde torcemos a la derecha para pedalear bordeando el canal en dirección al mar. Cuando la carretera por cuya orilla circulamos gira a la derecha, nosotros la cruzamos para abandonarla por su lado izquierdo siguiendo el sendero que continúa a lo largo del canal. A nuestra izquierda tenemos una amplia explanada de césped que se abre al mar y permite unas vistas privilegiadas del Øresundsbron, el inmenso puente-túnel que une Suecia y Dinamarca (obviamente, desde aquí solo vemos la parte correspondiente al puente atirantado, ya que la vista del túnel está reservada a los privilegiados bacalaos). Tamaña obra de ingeniería fue inaugurada en el año 2000 y permitió por primera vez unir dos países extremadamente cercanos sin necesidad de recurrir a los abundantes ferries que cruzan de costa a costa en varios puntos. Es normal que veamos el puente desde donde nos encontramos, pues tiene cerca de ocho kilómetros de largo y una altura máxima de más de doscientos metros. Y no, antes de que alguien lo pregunte, ¡no se puede cruzar en bici!

Las vistas son maravillosas, pero el viento que sopla en este desprotegido parquecillo no es moco de pavo, así que lo mejor es que sigamos pedaleando de vuelta a la zona urbana. Cruzamos de nuevo el canal por el último puente antes de su unión con el mar y rodeamos el puerto que tenemos a nuestra izquierda (al lado contrario queda un área dedicada a deportes acuáticos) cruzando para ello el nuevo puente que encontramos de forma inmediata. Nos pegamos al mar y circulamos por el paseo marítimo a lo largo del cual algún optimista decidió construir una especie de gradas de madera para que los temerarios bañistas (si los hubiera) puedan secarse al sol (si lo hubiese). Cuando llegamos a una plazuela que reconoceremos por un cambio en el color del pavimento, que pasa a ser rojo, nos despedimos de las vistas del puente de Ørensund y tomamos a la derecha por una calle que nos lleva derechitos, previo paso sobre otro canal, al llamativo Turning Torso.

Este rascacielos neofuturista de hormigón, acero y vidrio, apilados hasta alcanzar una altura de casi doscientos metros, lleva la firma inconfundible de nuestro conocido compatriota Santiago Calatrava. Aunque la impresionante obra ha ganado algunos prestigiosos premios, Calatrava lo dotó de su toque personal al lograr tal sobrecoste respecto al presupuesto original que, durante su construcción (entre 2001 y 2005), los políticos implicados en el proyecto fueron cayendo uno detrás de otro.

Arrepintiéndonos de no haber alquilado un casco junto con la bici, cogemos carrerilla y pasamos lo más rápido posible bajo el edificio más alto de Escandinavia rezando para que no se desplome sobre nuestras cabezas, pues la fama precede al arquitecto. Si sobrevivimos al arriesgado trance, al otro lado vemos un pintoresco edificio de especial interés para nosotros los ciclistas. Se trata de un complejo residencial cuyo aspecto exterior tiene cierto aire corbusierano y cuya planta baja está ocupada por el hotel Ohboy, cuyas habitaciones son apartamentos individuales con salida directa al exterior y que incluyen ¡una bici para sus huéspedes! Lamentando no tener tiempo para quedarme a dormir en Malmö, continúo la ruta girando a la derecha por Östra Varvsgatan hasta la siguiente rotonda y después a la izquierda por Stora Varvsgatan hasta cruzar un nuevo puente, dejar un pequeño y bonito faro a la izquierda y, tras un segundo puente, girar a la derecha siguiendo el puerto. Lo último que vemos antes de finalizar nuestra ruta en la Estación Central es el edificio de la antigua oficina de Correos, una bella mole de ladrillo (que actualmente alberga un restaurante) levantada en estilo romántico nacionalista por Ferdinand Boberg en el año 1900.



Hemos completado nuestro paseo turístico por Malmö, una ciudad que esconde más tesoros de los que sospechábamos. Con ganas de haber tenido más tiempo para recorrer sus calles extremadamente agradables para el ciclista, devolvemos nuestras monturas y regresamos a la Estación Central para tomar el tren. No es un adiós, es un hasta pronto.
