Una ruta para el día a día: Senda verde de Ames

Provincia: A Coruña

Distancia: 12 km aprox. (24 km i/v)

Mapa:

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Vídeo: Ver ruta completa en vídeo.

Descripción:

El rimbombante nombre de Viajes y excursiones en bicicleta por Europa puede llevar al lector a pensar que el que esto escribe solo se remanga la pernera del pantalón para recorrer las grandes rutas que atraviesan el continente. Pero mis excursiones más chic, como los paseos por las calles de París, son una excepción en mi vida y mi rutina ciclista discurre por derroteros mucho más prosaicos. Por eso, y porque las rosalianas orillas del Sar no tienen nada que envidiar a las victorhuguenses del Sena, voy a describir aquí una de mis rutas comodín que utilizo para mis salidas en bici de montaña los días en los que la meteorología adversa da un par de horas de respiro y hay que improvisar algo rápido.

Esta ruta, denominada por el Concello de Ames Senda Verde no es sino una de las opciones que, uniendo pistas forestales y carreteras poco transitadas, comunican los dos principales núcleos de población del municipio: Bertamiráns y Milladoiro. Puede por tanto realizarse en los dos sentidos, ya sea usando la misma ruta para la ida y la vuelta (lo que es sumamente sencillo debido a la escasa longitud y dificultad del trazado, perfectamente señalizado en ambas direcciones) o regresando por cualquier otra ruta alternativa de entre los cientos de opciones que podemos elegir uniendo las muchas vías que existen en esta zona. Esta última suele ser mi elección habitual ya que recorrer únicamente esta senda se suele hacer corto.

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Describiré aquí entonces únicamente uno de los sentidos: el ascendente (para que el paseo tenga algo de gracia), que parte de las afueras de Bertamiráns y llega casi hasta Milladoiro.

Para localizar fácilmente el comienzo de esta senda verde lo mejor es que nos situemos en la plazuela de Bertamiráns donde se encuentra el edificio del ayuntamiento, frente a la comisaría de la Policía Local, y llaneemos por la carretera que va en dirección sureste dejando a la izquierda el paseo fluvial. Después de cruzar el río Sar, e ignorando el primer camino que sale a la derecha, tomamos el segundo en la misma mano (pasada la rotonda desde donde se accede a la parroquia de Ortoño), que es una tranquila pista asfaltada con acceso prohibido a vehículos a motor. Justo aquí, en el cruce, encontramos un panel informativo: nos hallamos en el punto de inicio de la senda verde.

Pedaleamos por el asfalto, bastante bacheado y transitado por corredores y peatones, pero totalmente llano, que avanza paralelo al río por el conocido como Valle de Mahía -la fértil vega del río Sar- cuya riqueza se aprecia a simple vista gracias a los verdes prados que la cubren todo el año, salvo los meses de verano cuando los cultivos de maíz crecen con increíble rapidez. A nuestra izquierda, al otro lado de una cuneta por la que corre más agua que por muchos ríos castellanos, algunos chalets salpican el recorrido.

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Al final de este tramo de asfalto dejamos a la derecha la depuradora local y unos nuevos carteles informativos justo antes de girar bruscamente a la izquierda para comenzar un ligero ascenso dejando a la izquierda un denso bosque (que, salvo en los meses estivales, suele estar tan inundado que más bien parece un manglar). Un nuevo giro a la derecha y uno posterior a la izquierda nos lleva a una carretera un poco mayor.

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Por cierto, si hubiésemos tomado el camino que surgía a la derecha en la última curva habríamos llegado a la orilla del río Sar donde aún se pueden encontrar las ruinas de un viejo molino. En este lugar, a pesar de lo preocupantemente grises que bajan las aguas de forma habitual, he llegado a ver galápagos en libertad, siendo el punto más septentrional de la Península donde he llegado a ver esta especie de tortuga autóctona.

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De vuelta a la carretera a la que hemos llegado, tomamos a la izquierda, donde pronto pedaleamos entre una urbanización y el bosque. Al final de las casas que van quedando a nuestra izquierda encontramos el edificio de un centro educativo y frente a él, a nuestra derecha casi en dirección contraria a la que traemos, el camino que hemos de tomar.

Sin embargo, antes de continuar, debemos detenernos a ver el lavadero de importante tamaño que tenemos ante nosotros, en una zona -con dos rústicas mesas que casi parecen dólmenes y una bonita fuente- que podría tener su encanto si no estuviese junto a una transitada rotonda de la carretera.

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Merece la pena salirse de la senda marcada unos metros para ir por la carretera que sube frente a nosotros, al otro lado de la mencionada rotonda, por la que se llega a la iglesia de San Xoán de Ortoño, un conjunto parroquial construido entre los siglos XVIII y XIX donde destaca la rotunda casa rectoral del XVIII (aunque con elementos más antiguos). No está de más indicar que, según algunas extendidas teorías, Rosalía de Castro pasó parte de su infancia en la zona, en casa de sus tías paternas y que a pocos metros de aquí, en 1923, se fundó en honor a la escritora el Seminario de Estudos Galegos.

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Pero dejemos Ortoño para otra ocasión (quizás algún día describa aquí la ruta que sigue las pisadas de Rosalía de Castro) y abandonemos ya el asfalto por el camino de tierra que, como ya he dicho, nace junto al lavadero. Si conseguimos pasar entre los coches que aguardan su turno en el «taller» que un vecino ha montado en la parte trasera de su casa, y evitando mirar hacia el lamentable basurero irregular que han formado allí mismo acumulando trastos viejos, comenzamos a subir la primera rampa medianamente seria que encontramos hoy. Después el camino se suaviza para permitirnos pedalear relajadamente entre robles (o carballos), pinos (o piñeiros) y algún que otro eucalipto (léase sin pronunciar la p) antes de encontrar un nuevo repecho sin mayor dificultad. Llegamos así a un cruce que tomamos a la izquierda, por un camino que no tarda en convertirse en asfalto junto a unas casas entre las que vemos, hacia el sur, unas magníficas vistas del valle del Sar rodeado de montes.

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La carreterita por la que vamos ahora desemboca en otra apenas un poco más amplia que tomamos a la izquierda para llegar, poco más adelante, a una gran rotonda. Aquí, quienes hacen la senda verde caminando tienen un senderito con sus correspondientes pasos de cebra para atravesar la rotonda, pero nosotros tardamos menos en hacerla como los vehículos que somos… aunque debemos hacerlo con precaución, pues para salir por el camino que debemos tomar no nos queda otra que bajarnos de la bici para hacer una pequeña «pirula» y cruzar el último paso de cebra. Así, tomando la segunda salida de la rotonda (la que va hacia Firminstáns) y cruzando la carretera por el paso de peatones, ascendemos por el camino de tierra que nace allí mismo y cuyos primeros metros nos resultan más duros de lo que deberían por haber tenido que cruzar la carretera a pie y salvar de igual modo la profunda cuneta (aunque, si no hay tráfico y, como es habitual, la cuneta está llena de tierra, es posible hacer toda la jugada sin desmontar).

El camino en pocos metros regresa al asfalto junto a unas nuevas casas, donde giramos a la derecha y seguimos por la carretera que no tarda de morir en otra mayor. Tomando a la derecha llegamos ahora al cementerio de Bugallido, tras el cual vemos la iglesia de dicha parroquia amense, dedicada a San Pedro y construida en el siglo XVIII, tras el derrumbe en 1736 del anterior templo medieval. Al parecer su interior alberga un interesante retablo barroco firmado por Fernando de Casas.

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Continuamos nuestro recorrido por la pista asfaltada que rodea el cementerio pegada a su muro lateral. En el ascenso pasa casi desapercibido entre la vegetación un pequeño lavadero que dejamos a la derecha.

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Dejando varias casas a nuestra izquierda llegamos al punto donde el asfalto gira bruscamente en esa misma dirección, pero nosotros continuamos de frente, ya por tierra otra vez, para enfrentarnos a una subida que puede considerarse moderadamente dura. Cuando el camino se divide en dos tomamos la opción de la izquierda para continuar nuestro ascenso hacia la parte más alta del monte, desde donde iniciamos un nuevo descenso durante el que tenemos unas bonitas vistas, en esta ocasión hacia el norte (nuestra izquierda).

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Llegamos de nuevo al asfalto y lo tomamos hacia la derecha, pero no tardamos en salir de esta carretera para cambiarla por la que sale a nuestra izquierda en un descenso repentino que no tarda en cambiar el firme asfaltado por la tierra. Ahora las vistas interesantes quedan otra vez a nuestra izquierda.

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La pista de tierra nos vomita de nuevo al asfalto. Tomamos a la derecha una vez más para continuar por una carreterita que algo más adelante nos deja en otra un poco mayor. Girando a la izquierda pedaleamos por esta tan solo unos metros antes de abandonarla a la derecha por una nueva pista sin asfaltar que arranca repentinamente hacia arriba. Seguimos por ella ignorando los desvíos (e incluso la carretera que atraviesa nuestro camino) hasta que llegamos a un cruce múltiple casi bajo un viaducto. Tomamos aquí a la izquierda para cruzar bajo la carretera en descenso que, después de tomar un nuevo cruce a la derecha, nos permite cruzar el rego de Paramuiño en una zona especialmente umbrosa. Vemos que estamos pedaleando en paralelo a la vía del tren, pero esta circunstancia no durará mucho, pues en el primer cruce tomamos a la izquierda, alejándonos de ella.

Un nuevo ascenso por tierra describe una amplia curva junto a unos cables que, por soportar el peso de unas ramas derribadas, cada día que pasa están más cerca del suelo. Ignoramos el camino que sale a nuestra izquierda para pasar junto a unas casas en cuyo entorno suelen pastar varios caballos y numerosas cabras. No es raro ver aquí a los machos cabríos (también conocidos como cabrones) resolviendo sus diferencias a cabezazos, como si de un vulgar debate político se tratara.

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Pasadas estas casas aisladas, nuestra ruta nos introduce en el cuidado caserío de la pequeña aldea de Fraiz, cuyas encementadas calles abandonamos tras un brusco giro a la derecha para ascender en busca de la vía férrea que une Santiago con Pontevedra y Vigo. Tras cruzar los raíles en un paso elevado junto a una subestación eléctrica debemos seguir la carretera por la que venimos hasta dejar una casa aislada a nuestra izquierda, pasada la cual nos desviamos en esa misma dirección por una pista asfaltada que seguiremos hasta que se acabe, momento en el que giramos de nuevo a la izquierda, llegando así a la parte trasera de un colegio.

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Debemos ahora rodear el colegio, para lo que giramos a la derecha hasta llegar a una amplia carretera que tomamos a la izquierda solo unos metros antes de abandonarla a la derecha por la rampa ascendente que nos permite acceder a una pista de tierra ancha y en muy buen estado. Al final de esta, al llegar al asfalto (a pocos metros en sentido ascendente existe un bar-restaurante con un menú bufé bastante asequible), giramos ciento ochenta grados para tomar una nueva carretera que discurre bordeando un polígono industrial, aunque nosotros solo veamos los muros traseros de algunas naves).

Pasadas dichas naves, llaneamos unos metros más entre el bosque hasta llegar al punto donde vemos un gran lavadero con techumbre de madera restaurada a nuestra derecha. Los paneles que vemos a pie de asfalto nos indican que, sin pena ni gloria, hemos llegado al final de nuestra ruta de hoy. Aunque solo sea por hacer unos metros más, podemos llegar hasta el siguiente cruce donde, aprovechando un terreno muerto entre tres carreteras, existe un mínimo parquecillo con curiosas esculturas. Tomando en sentido ascendente la carretera que encontramos aquí (y que no es otra que la que vimos ante el colegio por el que no hace mucho que pasamos) llegaríamos en poco tiempo al caso urbano de Milladoiro.

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Como se puede desprender de mi descripción, la ruta no es gran cosa y, aunque no deja de tener cierto encanto y puntos de interés, esta senda verde podría ser más senda y mucho más verde, ya que en realidad nos hemos pasado mucho tiempo por asfalto, entre urbanizaciones, vías de tren y tendidos eléctricos. De hecho, entre el catálogo de rutas que ofrece el Concello de Ames, existe una verdadera senda mucho más verde que recibe el nombre de Ruta do Rego dos Pasos y que sigue el cauce de este tranquilo riachuelo que termina su vida en Bertamiráns cediendo sus aguas al padre Sar. Aprovecho aquí para lanzar una crítica a quienes, desde el Concello, no han dudado en publicitar en su web este bonito paseo diciendo que «tanto se puede hacer a pie como en bicicleta» (se ve que eso vende) pero que, a la hora de la verdad, han plantado en todos los accesos a la ruta unas vistosas señales que prohíben circular en bici. Siempre sería de agradecer un mayor apoyo al cicloturismo por parte de los organismos públicos pero, en este caso en particular, con que mostrasen un poco de coherencia sería suficiente.

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Nota 2021: En descargo del Concello de Ames debo decir que, en la versión actualizada de la descripción de la Ruta do Rego dos Pasos en su web, han retirado el texto correspondiente a la bicicleta, es decir, que ahora esta ruta «se puede hacer a pie», con lo que al menos recuperan la coherencia. Como desagravio hacia los ciclistas, que nos vemos así privados de un bonito pero corto paseo, han colocado en sus dos principales núcleos urbanos (no muy lejos del inicio y del final de la Senda Verde) dos puntos gratuitos de lavado, inflado de neumáticos y reparación de bicicletas. Estos se encuentran en Bertamiráns (en la zona de aparcamiento de A Telleira, junto al hórreo) y en O Milladoiro (frente a la Casa de la Cultura, a escasos metros del Camino Portugués). Aplaudo la iniciativa y… ¡esperemos que duren muchos años!

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Nota 2022: En algún momento entre enero y febrero de 2022 se ha cambiado la señalización de esta Ruta do Rego dos Pasos de forma que ya es posible realizarla en bicicleta a paso de peatón. En todo caso, recomiendo utilizar (aquí y en todo momento) el sentido común e, independientemente de la señalización, circular por ella respetando siempre al resto de usuarios de la senda y, por supuesto, tratando de erosionar el firme lo menos posible.

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